Iguazú (LaVozDeCataratas-Kelly Ferreyra) Cada 23 de septiembre, Argentina celebra el Día de las Bibliotecas Populares, en conmemoración de la Ley 419 de 1870, que dio origen a la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP). Desde entonces, estos espacios se convirtieron en mucho más que depósitos de libros: son lugares de encuentro, resistencia cultural y refugio para quienes creen que un libro puede transformar vidas.
En Misiones existen actualmente 34 bibliotecas populares registradas en la CONABIP, y una de ellas palpita en Iguazú, y es conocida como la «Biblioteca Popular Victoria Aguirre», en pleno centro de la ciudad. Allí, entre estantes que guardan más de 30 mil ejemplares, la historia de la lectura se mezcla con la memoria de quienes, desde hace décadas, se entregaron al sueño de que los libros estuvieran siempre al alcance de la gente.
El recuerdo del bibliomóvil
Recuerdo aquellos años en que el bibliomóvil recorría las calles de Iguazú. Era la época en la que no existían ni celulares ni internet, y la llegada de esos libros en movimiento encendía una chispa de ilusión en los barrios. En cada parada, niños, jóvenes y adultos esperaban con ansias el momento de elegir un ejemplar para llevarse a casa, sabiendo que entre esas páginas encontrarían aventuras, respuestas o simples momentos de compañía.Hoy, el desafío sigue en pie.
La voz de Lilian, 31 años sosteniendo un sueño
Siempre de hablar pausado, es como que el tiempo no pasó, mientras corremos por las redes, ese lugar tranquilo de letras continúa gracias a LilianZubiaga, viuda de Ravasi, quien desde hace más de tres décadas dedica su vida a mantener viva la biblioteca. Con ternura y firmeza relata cómo, a pesar de los cambios de época, la pasión por los libros sigue convocando a nuevas generaciones.

«Los lectores comenzaron a volver despues de la pandemia, a la tardecita, llegan como si vinieran a visitar a un viejo amigo. Este año, la biblioteca participó de la Feria del Libro en Buenos Aires, de donde trajimos los clásicos que faltaban en los estantes y también novedades, como Las Catedrales de Claudia Piñeiro, una de las autoras que Lilian sigue con entusiasmo. “La recomiendo porque es muy buena, y me gusta pensar que cada libro nuevo es una semilla que dejamos lista para que alguien la descubra”, sonríe.
Talleres, jóvenes y nuevas búsquedas
La biblioteca no es solo un espacio de lectura, también es un lugar de creación. Lilian cuenta que organizan talleres de lectura, concursos gratuitos y que en julio realizaron un encuentro con premios y distinciones de honor para chicos que querían sumarse al hábito de leer. Ahora, además, planean un taller de fotografía para adultos y guías de turismo, ampliando la propuesta cultural.
Lo que más la conmueve es la llegada de los jóvenes: “Vienen chicos de 17 a 21 años, con sus novios/as, con el mate bajo el brazo. No vienen solo a leer para la escuela, vienen buscando algo más: libros de autoayuda, de búsqueda interior. El otro día uno me pidió algo sobre autoestima y se quedó dos horas y media leyendo. Eso me da esperanza, porque significa que todavía hay quienes entienden que un libro puede ser un espejo”.
Lilian no esconde que no todos los días son fáciles. “La desigualdad hace a la igualdad —reflexiona—, porque en medio de las carencias surgen también las ganas de seguir. Uno trae cosas buenas, piensa proyectos y busca lo posible dentro de lo que hay. Y eso se convalida con Nación, con la Federación de Misioneros de Bibliotecas Populares, y con cada lector que cruza la puerta”.
