Dos de cada seis mujeres que denuncian violencia de género intentan retirar la denuncia

Denuncian en el peor momento. Luego viene el perdón, la promesa, la culpa. Y regresan a la comisaría queriendo dar marcha atrás. Pero ya es tarde, en el buen sentido: la ley no lo permite. La titular de la Comisaría de la Mujer de Iguazú reveló a LaVozDeCataratas una cifra que refleja la profundidad del problema.

Iguazú (LaVozDeCataratas) Una cifra que incomoda y obliga a reflexionar: de cada seis mujeres que se acercan a la Comisaría de la Mujer de Iguazú a radicar una denuncia por violencia de género, dos o tres regresan después queriendo dejarla sin efecto. No porque los hechos no hayan existido. Sino porque el ciclo de la violencia las atrapó de nuevo.

Así lo explicó a LaVozDeCataratas la comisario Vanesa Ledesma, titular de la dependencia especializada, quien puso en contexto una situación que se repite con frecuencia preocupante y que muchas veces es malinterpretada por la opinión pública.

El momento de la denuncia y lo que viene después

Las denuncias, en la mayoría de los casos, se realizan en el pico de tensión: durante o inmediatamente después de una agresión. Es el momento en que el miedo, el dolor o el peligro empujan a la víctima a pedir ayuda. Pero una vez que la crisis pasa, aparecen otros factores igualmente poderosos: la culpa, la reconciliación, la dependencia emocional y las promesas de cambio del agresor.

«Normalmente las denuncias que quieren levantar no es porque realmente no pasó el hecho, sino porque las mujeres se arrepienten porque están en el círculo de la violencia», explicó Ledesma.

La funcionaria detalló que la mayoría de las mujeres que regresan a intentar retirar la denuncia lo hacen porque volvieron con su pareja o porque atravesaron nuevamente la llamada «etapa de luna de miel», una fase característica del ciclo de violencia en la que el agresor muestra arrepentimiento, afecto y promesas de cambio.

La denuncia no desaparece

Lo que muchas víctimas desconocen — o que el agresor muchas veces oculta o distorsiona — es que una denuncia radicada no puede borrarse. Una vez iniciado el proceso, este sigue su curso en el ámbito judicial, tanto en la vía familiar como en la penal, independientemente de la voluntad posterior de la denunciante.

«La denuncia no se puede borrar. Sigue la investigación y se anexa la ampliación con el deseo expreso de la víctima de retirarla», aclararon desde la comisaría.

En muchos casos, las víctimas no niegan lo sucedido, sino que intentan suavizar los hechos para beneficiar a su pareja: lograr que se levante una restricción perimetral, mejorar la situación del agresor detenido o simplemente evitar consecuencias legales para quien dicen amar, pese a todo.

Derivación y acompañamiento

Cuando desde la Comisaría de la Mujer detectan que una víctima busca retirar la denuncia porque retomó el vínculo con el agresor, el protocolo indica derivarla al juzgado correspondiente, donde equipos interdisciplinarios realizan entrevistas y acompañamiento psicológico.

La experiencia de quienes trabajan en la dependencia es elocuente: «Muchas veces vuelven a denunciar después y cuentan que pidieron dejar sin efecto porque él les pidió perdón o las obligó», señalaron.

Denuncias falsas: la excepción, no la regla

Otro punto que la comisario Ledesma subrayó con claridad es que los casos de denuncias falsas son excepcionales y casi inexistentes. El dato cobra relevancia en un contexto donde el debate público suele poner en duda la palabra de las víctimas cuando intentan retractarse.

La realidad que muestran quienes trabajan día a día con estas situaciones es otra: las mujeres no mienten cuando denuncian. Lo que ocurre después forma parte del mismo problema que las llevó a denunciar.

 

 

Comisaría de la Mujer de  Iguazú | Línea 137 (atención a víctimas de violencia familiar y sexual, gratuita, las 24 horas)