Juana Ángela Bruera: la artista que sueña con crear un mural en mosaico de las Cataratas del Iguazú

En sus manos, una baldosa rota, un azulejo descartado o un pedazo de vidrio dejan de ser residuos para convertirse en parte de una nueva obra. Profesora de Biología durante gran parte de su vida, descubrió el arte casi por casualidad. Hoy, a sus 59 años, transforma materiales reciclados en obras únicas.

Iguazú (LaVozDeCataratas) Hay historias en las que el arte aparece como una vocación temprana. En la vida de Juan Ángela Bruera, en cambio, llegó cuando ya había recorrido un largo camino como docente. Lo que comenzó como un simple taller de pintura terminó convirtiéndose en una pasión que hoy define gran parte de su vida.

Todo empezó en 2009, cuando una amiga la invitó a participar de un taller de pintura sobre tela en su barrio. Aquella primera experiencia despertó un talento que ni ella misma conocía.

«Me di cuenta enseguida de que tenía facilidad para los colores y buen pulso», recuerda. Durante ese primer año pintó sobre telas, repasadores y pequeños cuadros que, en su mayoría, terminaban como regalos para familiares y amigos.

La búsqueda por seguir aprendiendo la llevó a distintos espacios de formación. Primero, junto al profesor Espíndola, donde comenzó a trabajar sobre papel y luego sobre lienzo con pinturas acrílicas. Más tarde encontró  al artista Patricio Zamora, quien la introdujo en la pintura al óleo.

Su patio es mucho más que un espacio de trabajo: es un refugio donde el arte respira al ritmo de la naturaleza. Rodeada por la selva misionera, mientras el canto de los pájaros acompaña cada jornada y algún colibrí se anima a visitar el jardín, Juana Ángela Bruera ha convertido ese rincón en un universo propio. Allí, entre pinceles, cerámicas y herramientas, cada mesa, maceta, sendero o cartel lleva la huella de su creatividad y de una mirada capaz de encontrar belleza en lo cotidiano.

Si la pintura le permite detener el tiempo sobre un lienzo y retratar con fidelidad la flora y la fauna que tanto admira, el mosaico le enseñó que también los fragmentos pueden contar historias. En sus manos, una baldosa rota, un azulejo descartado o un pedazo de vidrio dejan de ser residuos para convertirse en parte de una nueva obra. Cortar, lijar, pegar y ensamblar es un trabajo paciente, casi contemplativo, donde la técnica y la sensibilidad se encuentran para demostrar que, a veces, las creaciones más bellas nacen de aquello que otros creían perdido.

«El mosaico forma parte de la vida cotidiana. No se trata solamente de hacer un cuadro; también podés crear una mesa, un perchero, una maceta, el número de una casa o cualquier objeto que acompañe a las personas todos los días«, explica Bruera, mientras recorre el patio donde cada rincón lleva su sello.

Su familia acompaña esa decisión. Sus hijos son sus principales admiradores y celebran cada nueva creación, entendiendo que detrás de cada obra hay horas de dedicación, paciencia y amor por el arte.Pero entre todos los proyectos que guarda en su imaginación, hay uno que sobresale por encima del resto.

Después de visitar El Calafate y recorrer un espacio donde grandes murales de mosaico transforman el paisaje urbano, comenzó a imaginar una obra similar en Iguazú.

Su gran sueño es realizar un mural inspirado en las Cataratas del Iguazú, una obra de gran formato que reúna naturaleza, identidad local y materiales reciclados.»Me encantaría hacer un mural de las Cataratas. Solo falta que alguien se entusiasme y quiera acompañar el proyecto», expresa con ilusión.

Para Juana, el arte no es únicamente una forma de crear; es una manera de habitar el tiempo.

«Cuando estoy pintando o haciendo un mosaico, dejo de pensar en los problemas. Mi cabeza se pone en blanco, encuentro paz y soy feliz», confiesa.

Y quizás sea esa la esencia de su obra: demostrar que, con paciencia, sensibilidad y creatividad, incluso los fragmentos más simples pueden transformarse en belleza. Del mismo modo, el arte también tiene la capacidad de reconstruir, inspirar y darle un nuevo sentido a la vida.