Día del Olero: la baja demanda y los altos costos apagaron un oficio tradicional

En el Día del Olero Misionero, la historia de una olería de las 2000 Hectáreas expone la realidad de un oficio tradicional que dejó de ser rentable: la caída de la demanda, el aumento de los costos fijos y la mano de obra obligaron a frenar una producción que alcanzó hasta 30 mil ladrillos por mes de manera artesanal. De las más de 20 olerías que logró tener Iguazú ya ninguna se encuentra activa.

Iguazú (LaVozDeCataratas) Cada 21 de agosto se conmemora el Día del Olero Misionero, una fecha que pone en valor a quienes sostienen uno de los oficios tradicionales vinculados a la producción de ladrillos en la provincia. En Iguazú, la historia de la olería está ligada a la de las 2000 Hectáreas . La fabricación de ladrillos de adobe fue durante años una actividad desarrollada en distintas chacras de esa zona de Iguazú.

Emanuel, dueño de la olería Jairo, una de las más grandes de la zona, relató que su emprendimiento comenzó en 2011 y continuó hasta fines de 2025, cuando junto a su familia decidió detener la producción debido a que los costos dejaron de ser compensados por los ingresos.

El emprendimiento surgió a partir de una sociedad junto a su papá, donde éste último aportó la maquinaria y la tierra donde se extraía el barro ñaú o arcilla utilizada para fabricar los ladrillos. El oficio, además, tenía una historia familiar:  “Cuando él era chico, el papá de él también hacía ladrillo”, relató el productor al recordar los comienzos de una actividad que aprendió y desarrolló durante años.

Un oficio que requiere trabajo, maquinaria y tiempo

La producción de ladrillos de adobe demanda un proceso artesanal y una importante infraestructura. Para sostener la actividad es necesario contar con camiones para trasladar la tierra y realizar los repartos, además de una retroexcavadora para extraer la materia prima.

“Si uno va a tener que pagar todo, no le queda nada. Entonces sí o sí tiene que tener una inversión importante con el tema de los camiones, las maquinarias, la retroexcavadora”, explicó.

Durante los períodos de mayor demanda, la olería llegó a producir entre 3.000 y 3.500 ladrillos de adobe por día. En una de sus mejores etapas alcanzó alrededor de 30.000 ladrillos cocidos por mes, trabajando con un equipo de ocho personas.

El trabajo se dividía entre quienes cortaban los ladrillos, quienes se encargaban de cargar el horno y quienes realizaban la cocción. Después llegaban las tareas de reparto y entrega. Detrás de cada ladrillo existe, además, un proceso que requiere varios días. Luego del corte, las piezas permanecen aproximadamente una semana o una semana y media en los galpones para completar el secado.

“Después del proceso del cortado el ladrillo queda aproximadamente una semana, una semana y media en los galpones para que se seque, que quede duro”, detalló. Una vez secos, los ladrillos se cargan en el horno, una tarea que puede demandar unos tres días. Finalmente comienza la cocción, que puede extenderse entre 36 y 48 horas, dependiendo de la humedad y del estado de secado de las piezas.

Cuando producir ya no alcanza para sostener el oficio

La principal dificultad que enfrentó el emprendimiento en sus últimos años fue económica. La demanda de ladrillos cayó considerablemente, mientras que los costos de producción continuaron aumentando.

“Aumentaba el combustible, aumentaba la mano de obra y nosotros no podíamos aumentar el precio del ladrillo para cubrir los gastos”, explicó. La combinación terminó afectando directamente la continuidad de la actividad. “Últimamente ya estábamos prácticamente produciendo ladrillos para tapar los gastos más que nada”, sostuvo.

Finalmente, a fines de 2025, la producción se detuvo.

Durante el gobierno anterior, los fuertes aumentos de combustible y otros costos obligaban a actualizar constantemente el precio del ladrillo: “Usted vendía hoy a un precio el ladrillo y a los 15 días aumentaba el 40%”. Según relató, esa inestabilidad también impactaba en los gastos cotidianos y en el pago del personal.
Con el cambio de gobierno, señaló, los precios se estabilizaron, pero la demanda de ladrillos cayó considerablemente. A esto se sumó la dificultad de competir con grandes industrias, como una cerámica de Puerto Rico que puede producir entre 15.000 y 20.000 ladrillos cocidos por día con maquinaria automatizada y menor necesidad de mano de obra. “Entonces es imposible competir con ellos”, sostuvo.
A su vez, cuestionó la falta de herramientas de financiamiento para las pequeñas producciones y consideró que el acceso a créditos de largo plazo podría permitir modernizar y sostener emprendimientos de este tipo.

Sin embargo, aún conserva la maquinaria y las tierras, con el deseo de volver a comenzar si la situación llega a mejorar.

Una fecha para poner en valor el oficio

El Día del Olero Misionero invita a mirar más allá del ladrillo terminado y reconocer el trabajo que existe detrás de cada pieza: la extracción de la tierra, el corte, el secado, la carga de los hornos, la cocción y finalmente el reparto.

La historia de esta olería de las 2000 Hectáreas también refleja una realidad que atraviesa al sector: un oficio transmitido entre generaciones y sostenido durante años que hoy enfrenta el desafío de seguir siendo económicamente viable.