Iguazú (LaVozDeCataratas) A unos 18 kilómetros del casco urbano de Puerto Libertad, más de 40 familias construyen su vida alrededor de la chacra. Producen alimentos, crían animales, desarrollan emprendimientos y se organizan entre vecinos para enfrentar las distancias, la falta de señal y las dificultades económicas. LaVozDeCataratas recorrió Mboy Jovi y conoció las historias de quienes apuestan por seguir viviendo y produciendo en la colonia.

A unos 18 kilómetros del casco urbano de Puerto Libertad, en cercanías del perilago Urugua-í, se encuentra Mboy Jovi, un paraje rural donde más de 40 familias desarrollan su vida cotidiana vinculadas principalmente al trabajo de la chacra.
Hasta allí llegó LaVozDeCataratas para recorrer el paraje y, sobre todo, escuchar a sus habitantes. Son familias que producen, crían animales, buscan nuevas alternativas para generar ingresos y se organizan para resolver problemas que, por la distancia, muchas veces deben afrontar entre los propios vecinos.
Detrás de cada chacra hay una historia distinta, pero también desafíos comunes: sostener la producción, acceder a servicios, mantenerse comunicados y generar condiciones para que las nuevas generaciones puedan encontrar un futuro sin tener que abandonar la zona rural.
Una comunidad que creció con esfuerzo
Eliseo Radke vive en Mboy Jovi desde hace 18 años y recuerda una realidad muy diferente a la actual. Una de las principales dificultades de aquellos primeros tiempos era la falta de energía eléctrica. “En el inicio no fue fácil, no teníamos suministro eléctrico, era muy complicado. Ahora hace ocho años que tenemos energía y mejoró mucho la situación”, relató.
La llegada de la electricidad significó un cambio importante para las familias, aunque no resolvió todos los problemas derivados de vivir alejados de los centros urbanos.
La producción es el corazón de Mboy Jovi y se caracteriza por su diversidad. Hay huertas, cultivos de maíz, tabaco, mandioca y yerba mate, además de emprendimientos de piscicultura, apicultura y cría de animales.
“Cada colono hace su emprendimiento propio. Hay huertas grandes, huertas irrigadas con goteo, plantación de tabaco, maíz, mandioca, yerba, pileta de pescado, abejas, de todo un poco”, explicó Radke.
Esa diversidad no es casual. Para muchas familias representa la posibilidad de obtener distintos ingresos y, al mismo tiempo, producir una parte importante de los alimentos que consumen diariamente.
Cuando la distancia obliga a ayudarse
En Mboy Jovi, la solidaridad entre vecinos también forma parte de la vida cotidiana. Las familias comparten herramientas, colaboran con medios de transporte y se organizan cuando alguien necesita asistencia.
“Entre los vecinos siempre se ayuda uno al otro con herramientas y medios de transporte. Muchas veces se enferma alguien y tenemos que salir nosotros con nuestro propio medio, porque es lejos para pedir que venga alguien de afuera”, contó Radke.
El centro de salud más cercano se encuentra a unos 18 kilómetros, una distancia que en situaciones de emergencia puede transformarse en una dificultad adicional. Por eso, contar con un vehículo o con un vecino dispuesto a ayudar puede resultar fundamental.
La conectividad, otro desafío cotidiano
La distancia no es el único problema. En el paraje tampoco cuentan con una cobertura estable de telefonía celular.
La llegada de la energía eléctrica permitió que varias familias instalaran servicios de internet mediante Wi-Fi, una herramienta que hoy resulta fundamental no solamente para comunicarse, sino también para la educación de los jóvenes.
“Hay chicos que están en la EFA, en la secundaria, y hay muchas tareas que se tienen que hacer por internet, por celular. Entonces se utiliza ese medio de comunicación”, explicó Radke.
Pero existe una dificultad adicional: cuando se corta la energía eléctrica, también se quedan sin internet y prácticamente incomunicados.

En esas circunstancias, algunos vecinos deben recorrer varios kilómetros hasta encontrar señal de telefonía para poder enviar un mensaje o informar sobre el corte del suministro.
La Escuela Satélite 511 y el valor de estudiar cerca de casa
En medio de las distancias, la educación ocupa un lugar central para las familias de Mboy Jovi. En el paraje funciona la Escuela Satélite 511, que permite que los niños de la comunidad puedan acceder a la educación sin tener que trasladarse diariamente hasta el casco urbano de Puerto Libertad.
Para las familias rurales, contar con una escuela cercana significa mucho más que disponer de un establecimiento educativo. También contribuye al arraigo y permite que los chicos permanezcan vinculados a su comunidad durante sus primeros años de formación.
Al avanzar hacia otros niveles educativos, sin embargo, aparecen nuevamente las distancias y la necesidad de contar con transporte y conectividad.
“Solo con un producto no salimos adelante”
Otro de los vecinos, Da Cruz, resumió uno de los principales desafíos económicos que enfrentan actualmente las familias rurales: depender de una sola producción ya no resulta suficiente. “Tratamos de hacer de todo un poco para sobrellevar la situación. Solo con un producto no salimos adelante”, expresó.
Por eso, la chacra cumple una doble función. Además de generar ingresos, permite producir alimentos para el consumo familiar. Carne, huevos, verduras y otros productos forman parte de una economía doméstica que vuelve a adquirir cada vez mayor importancia. “Hoy estamos volviendo a ese tiempo para poder sobrevivir. Está muy difícil”, señaló.
El desafío de que los jóvenes puedan quedarse
Para Da Cruz, una de las mayores preocupaciones pasa por el futuro de los jóvenes y la dificultad de generar condiciones para que puedan permanecer en las chacras.
“Tratamos de mantener a los hijos acá juntos para poder salir adelante todos, porque hoy por hoy muchos hijos están yendo al pueblo. El producto no tiene el valor como anteriormente para que puedan tener un futuro, entonces salen a la ciudad y en la ciudad tampoco hay oportunidad”, reflexionó.
El planteo expone uno de los grandes desafíos de las comunidades rurales: cómo generar oportunidades para que las nuevas generaciones puedan elegir quedarse, continuar con las producciones familiares o desarrollar nuevos emprendimientos.
Piscicultura y producción familiar, nuevas alternativas
La búsqueda de alternativas también aparece en la chacra de Roberto Pereira, quien desde hace aproximadamente un año desarrolla un proyecto de piscicultura.
Actualmente trabaja en una nueva pileta que le permitirá trasladar los peces a medida que alcancen determinado tamaño y continuar ampliando la producción.
La iniciativa nació a partir de una idea de don Amarilla, un vecino que falleció, pero cuyo proyecto decidieron continuar. “Seguimos la idea. Es una salida más”, destacó Pereira.
La piscicultura se complementa con la producción avícola. Pereira cuenta actualmente con alrededor de 200 gallinas, principalmente de cría casera, y comercializa huevos y otros productos tanto en el mercado como de manera particular. Para él, vivir lejos del casco urbano no significa necesariamente que no existan posibilidades.
“No es tan complicado si uno se dedica realmente a eso. Es una cosa que uno quiere. Hay que dedicarse nomás y todo sale bien”, sostuvo.
El día comienza cuando todavía no salió el sol
En Mboy Jovi, los horarios también los marca la chacra. Pereira contó que actualmente suele comenzar su jornada entre las 5:30 y las 6 de la mañana, pero durante el verano el trabajo arranca mucho antes.
“En el verano, a las cuatro ya estamos arriba. Tomamos unos mates y ahí ya sigue el día”, relató. Después vienen los animales, los cultivos, las huertas y todas las tareas que requiere mantener una producción familiar. Así transcurren los días en Mboy Jovi, entre el trabajo de la tierra y una comunidad que aprendió a organizarse frente a las distancias.
La falta de señal, el acceso limitado a determinados servicios, las dificultades económicas y el futuro de los jóvenes siguen siendo desafíos importantes. Pero también hay producción, proyectos y familias que continúan apostando por permanecer en el lugar.
Mboy Jovi refleja una realidad que atraviesa a muchas comunidades rurales de Misiones: producir para vivir, diversificarse para poder sostenerse y encontrar razones para quedarse.
Porque allí la chacra no es solamente una fuente de ingresos. Es trabajo, alimento, familia, comunidad y una forma de vida que sus habitantes buscan preservar para las próximas generaciones.
