Iguazú (LaVozDeCataratas) Cada 2 de septiembre se conmemora el Día de la Crianza Respetuosa, una fecha que invita a reflexionar sobre las formas en que los adultos acompañan el crecimiento y desarrollo de niños y niñas, y sobre la importancia de construir vínculos basados en el respeto, la escucha y el cuidado.
La crianza respetuosa propone reconocer a los niños como personas con emociones, necesidades y derechos propios. Esto implica poder escuchar lo que les sucede, validar sus emociones y establecer límites claros, pero sin recurrir a la violencia, la humillación, las amenazas o el miedo como herramientas de educación.
“Cuando hablamos de crianza respetuosa, hablamos de una forma de acompañar a los niños que busca reconocerlos como sujetos con emociones, necesidades y derechos propios”, explicó Mariana Sofía Las Heras, Licenciada en Psicología, consultada por LaVozdeCataratas.
Criar con respeto no significa criar sin límites
Uno de los principales interrogantes alrededor de este modelo de crianza es si poner límites es compatible con el respeto. La respuesta es sí.
Los límites son necesarios para el desarrollo infantil y la palabra del adulto debe conservar su valor. La diferencia está en la manera en que esos límites se establecen y se sostienen.
“Crianza respetuosa no significa crianza sin límites”, señaló la especialista, quien remarcó que los adultos pueden explicar qué esperan de los niños y cuáles serán las consecuencias de no respetar una determinada norma, sin recurrir a gritos, insultos, amenazas o golpes.
En este sentido, la coherencia también cumple un papel fundamental. Cuando un adulto establece un límite, debe poder sostenerlo incluso frente al enojo, el llanto o la insistencia del niño.
La crianza respetuosa no implica solamente modificar las conductas de los niños. También requiere que los adultos revisen sus propias respuestas y trabajen sobre su tolerancia a la frustración.
Uno de los errores más frecuentes, según la especialista, es establecer una norma y terminar cediendo ante la reacción del niño. Esto puede generar confusión respecto de qué se espera de él y qué puede esperar de los adultos.
También puede ocurrir lo contrario: intentar explicar absolutamente todo o convertir cada situación en una negociación. La crianza respetuosa no significa que todas las decisiones deban ser consensuadas. Hay momentos en los que el adulto debe dar una indicación clara, siempre desde una comunicación respetuosa.
A la vez, es importante no trasladar a los niños responsabilidades que todavía no están preparados para asumir. Se pueden ofrecer opciones acordes a su edad y permitirles participar en determinadas decisiones, pero sin colocarlos en el lugar de un adulto.
Cambiar la respuesta para transformar los vínculos
Observar los efectos de la manera en que se está criando también permite detectar qué necesita modificarse. “Cuando nosotros, como adultos, cambiamos nuestra forma de responder, de comunicarnos o de poner límites, eso también genera cambios en la conducta del niño”, explicó la profesional.
La crianza respetuosa, entonces, no busca que los niños hagan siempre lo que quieren, sino acompañarlos en el aprendizaje de normas, emociones y formas saludables de relacionarse con los demás.
Las formas de crianza también pueden influir en la manera en que los niños aprenden a relacionarse. Una educación basada de manera frecuente en gritos, amenazas o golpes puede generar dificultades para vincularse con otros, miedo frente a las figuras de autoridad, menor autonomía y menos recursos para afrontar conflictos y expresar lo que sienten.
Además, la violencia puede aprenderse y reproducirse. Si un niño incorpora que los conflictos, los límites o las emociones se resuelven mediante gritos, amenazas o golpes, existe el riesgo de que reproduzca esas mismas formas de vincularse en otros espacios.
En el Día de la Crianza Respetuosa, la fecha propone así una reflexión que no apunta a alcanzar una crianza perfecta, sino a revisar las prácticas cotidianas y comprender que poner límites, acompañar las emociones y ejercer la autoridad pueden convivir con el respeto.
Educar desde el respeto también significa entender que los adultos pueden equivocarse, revisar sus propias conductas y construir, día a día, vínculos más seguros y saludables para las infancias.

