Dia del Ferretero: Chumi y una historia de trabajo que atraviesa generaciones

Susana fue quien impulsó el negocio y estuvo al frente durante los primeros años, mientras Claudio “Chumy” continuaba con su trabajo. Dos décadas después, sus hijos siguen el camino familiar y administran cuatro locales en Iguazú. LaVozDeCataratas visitó el comercio donde todo comenzó, hoy a cargo de Marianela, hija del matrimonio y durante años mano derecha de su padre.

Iguazú (LaVozDeCataratas) – Hay comercios que con el paso de los años terminan convirtiéndose también en parte de la historia cotidiana de una ciudad. Ferretería Chumy cumple este año dos décadas en Iguazú, un recorrido que comenzó como un pequeño emprendimiento familiar y que hoy continúa de la mano de una segunda generación.

La historia comenzó hace 20 años por iniciativa de Susana, quien fue la que propuso abrir una ferretería y se puso al frente del negocio durante los primeros tiempos. Su esposo, Claudio, conocido por todos como “Chumy”, todavía mantenía su trabajo mientras esperaban que aquel proyecto comenzara a dar sus frutos.

“Mi mamá fue la que dijo: ‘tenemos que poner una ferretería’. Mi papá todavía no largaba su trabajo, obviamente, hasta que esto diera frutos. Durante prácticamente los primeros dos años estuvo ella sola atendiendo”, recordó Marianela, hija de ambos, en diálogo con LaVozDeCataratas.

Con el crecimiento del comercio, Claudio finalmente se incorporó de lleno al emprendimiento. El apodo que lo acompañaba desde la cancha terminó dando identidad al negocio: todos lo conocían como Chumy y así nació Ferretería Chumy.

Crecer entre mostradores y herramientas

Para los hijos, la ferretería también fue parte de su crecimiento. Marianela recuerda que comenzó a acompañar a sus padres cuando tenía 15 o 16 años, atendiendo, observando y aprendiendo un oficio que va mucho más allá de vender una herramienta o un material.

Con el tiempo, los hijos crecieron y comenzaron a impulsar sus propios proyectos dentro del negocio familiar. Actualmente, Ferretería Chumy cuenta con cuatro locales en Iguazú, administrados por integrantes de la familia.

“Mi papá estaba bien con su local, pero nosotros crecimos y cada uno quiso tener el suyo. Le decíamos ‘ayudame’ y así nos fuimos expandiendo”, relató.

Marianela estuvo durante años junto a su padre y se convirtió en su mano derecha. Desde hace aproximadamente tres años quedó al frente del primer local, mientras Claudio comenzó a retirarse paulatinamente de la actividad cotidiana.

Chumy, sin embargo, nunca está demasiado lejos. Algunos días todavía se acerca al comercio y, cuando no está, son los propios clientes quienes preguntan por él y dejan saludos.

“Me pone contenta que todavía pregunten por mi papá. A la noche le cuento quién vino o trato de explicarle quién era. Para él también es una alegría saber que la gente se acuerda y manda saludos”, contó Marianela.

Mujeres detrás del mostrador

La historia de la familia tiene además una particularidad: las mujeres estuvieron detrás del mostrador desde el comienzo, cuando todavía era poco habitual encontrarlas atendiendo una ferretería.

Primero fue Susana y después sus hijas. Marianela reconoce que todavía hoy aparecen clientes que entran buscando directamente ser atendidos por un hombre.

“Hay algunos que entran y lo primero que dicen es que quieren que los atienda un hombre. Yo les digo: ‘quédese tranquilo, hace 20 años que estoy acá, dígame qué necesita’”, relató entre risas.

Muchas veces, asegura, el desafío termina cuando comienza la conversación. Conocer los materiales, entender qué necesita el cliente y encontrar una solución termina derribando rápidamente la desconfianza inicial.

“A veces me dicen lo que necesitan y les termino proponiendo otra cosa que les puede solucionar mejor el problema. Ahí cambia todo. Es como si primero quisieran ponerte a prueba”, explicó.

Después de tantos años detrás del mostrador, sostiene que aprendieron prácticamente todos los aspectos del rubro. “Nos amañamos con todo, sabemos de todo”, resumió.

El secreto que dejó Susana

Cuando se le pregunta cómo una ferretería familiar consiguió mantenerse durante dos décadas y crecer hasta alcanzar cuatro locales, Marianela vuelve al comienzo de la historia y a una enseñanza de su madre.

Para ella, el secreto nunca estuvo únicamente en el precio ni en el tamaño del comercio, sino en la forma de atender.

“Mi mamá siempre me dejó eso: atender bien al cliente. Porque siempre va a existir un negocio que tenga algo más barato, más caro o quizás un local mejor, pero creo que todo pasa por cómo tratás al cliente”, señaló.

Veinte años después de aquella decisión de Susana de abrir una ferretería, el primer local sigue funcionando, Chumy continúa recibiendo saludos de quienes lo conocieron detrás del mostrador y sus hijos llevan adelante una nueva etapa del emprendimiento familiar.

Lo que comenzó con una mujer atendiendo prácticamente sola mientras la familia apostaba a que el proyecto pudiera crecer, hoy tiene cuatro locales. Y detrás de esa expansión permanece la misma idea con la que empezó todo: conocer al cliente, escuchar qué necesita y tratar de encontrarle una solución.