“Él nos eligió y nosotros lo encontramos”: la historia de una familia que nació con la adopción

En el Día de la Adopción, una mamá compartió su historia con LaVozdeCataratas, la historia del bebé que esperaron durante años y que hoy es adolescente. Habla del instante en que lo vio por primera vez, de los miedos, la burocracia, la verdad sobre sus orígenes y de una frase que escuchó muchas veces y que todavía necesita desarmar: “Ustedes le salvaron la vida”. Para ella fue exactamente al revés: “Él nos salvó, vino a completarnos”.

Iguazú (LaVozDeCataratas) No podía creerlo. Me explotaba el corazón, lloraba, no podía hablar”. Así recuerda el primer momento en que vio a su hijo. Era un bebé recién nacido y, frente a ella y su marido, estaba finalmente ese hijo que habían esperado durante años.

En ese instante, asegura, desapareció todo lo anterior: los trámites, los miedos, la espera, los momentos duros y la incertidumbre de no saber si algún día lograrían convertirse en padres.

“Todo el esfuerzo, todas las cosas que hicimos, todos los momentos duros y tristes desaparecieron en ese instante en que vimos a nuestro hijo recién nacido”. No necesitó tiempo para sentirse mamá. No hubo una fecha posterior ni un momento preciso durante la convivencia. Fue cuando lo vio.

“En el momento en que lo vi, fui mamá. Hasta que no lo vi, no lo escuché, no lo sentí. Lo sentí en ese momento”. Los primeros días fueron la concreción de algo que habían imaginado durante mucho tiempo. De pronto, ya no eran solamente una pareja. “Habíamos pasado de ser una pareja a ser una familia”.

El miedo de que nunca llegara

Durante años había soñado con tener un hijo, pero reconoce que una cosa era imaginarlo y otra completamente distinta descubrir qué significaba ser mamá. “Yo imaginaba tener un hijo, no ser mamá en sí. Toda la vida soñé con eso y cuando llegó no lo podía creer”.

Con la maternidad llegó también una entrega que, cuenta, superó cualquier idea previa. Las prioridades cambiaron y aquel bebé pasó a ocupar el centro de la vida de ambos.

Pero antes de llegar a él hubo un camino difícil. Cuando ella y su marido decidieron adoptar, el mayor temor era uno solo: no lograrlo. Recuerda una carpeta enorme, trámites, papeles, recorridas y la necesidad permanente de explicar que querían hacer todo dentro de la ley.

Es tanta burocracia, tanto papelerío, tanto temor. Nosotros íbamos a todos lados con la carpeta para hablar, porque necesitábamos que la gente entendiera que lo que queríamos era adoptar, hacer las cosas bien”. A pesar de todas las dificultades administrativas, cuando finalmente llegó su hijo, el vínculo no necesitó manuales. “Se fue creando naturalmente, día a día. No hubo nada que construir, se fue dando solo”.

Crecer sabiendo la verdad

Desde el principio, ella y su marido tomaron otra decisión: su hijo conocería su historia. Buscaron acompañamiento profesional para saber cómo abordar la adopción durante su crecimiento y entendieron que no debían imponer tiempos ni respuestas. Esperarían a que él comenzara a preguntar.

“Al ser un vínculo de amor, siempre quisimos ir con la verdad. Sabíamos que él iba a conocer su historia y nos preparamos para eso”. Y la pregunta llegó. Era todavía muy pequeño cuando un día quiso saber quién lo había traído y cómo había llegado a su casa. “Vos te preparás, pero en realidad nunca estás preparado”, reconoce hoy.

Durante su infancia aparecieron algunas preguntas más. Ahora es adolescente y, por el momento, no manifiesta deseos de conocer a su familia biológica. Sus padres se lo preguntaron alguna vez. Él dijo que no. Y ellos respetaron su decisión.

Como respetamos que sea su historia, también respetamos su decisión. Estamos preparados para cuando él quiera. Si en algún momento quiere conocerlos, lo vamos a acompañar y lo vamos a vivir juntos”. Para esta familia, hablar de adopción nunca significó borrar lo que existió antes.

La familia biológica ocupa un lugar súper importante. Es la familia que le dio vida. Nosotros, a partir de ese día, estamos con él”.

Entender a la mujer que entrega un hijo en adopción

La experiencia también transformó profundamente su mirada sobre las madres biológicas. Reconoce que antes de adoptar le resultaba difícil comprender que una mujer pudiera entregar a su hijo. Su propio deseo y la imposibilidad de engendrar hacían que mirara esas situaciones desde el dolor.

Yo no entendía y no respetaba a las mujeres que daban a sus hijos. Por mi carencia, por no poder engendrar, sentía mucho rechazo porque no entendía”. Hasta que la adopción entró en su propia vida.

“Cuando me tocó vivirlo entendí que puede haber un gran amor en entregar a un hijo y darle la posibilidad de una vida mejor. No necesariamente es un acto de desamor”.

Hoy considera que la sociedad también debería estar mejor preparada para acompañar a mujeres y familias que atraviesan circunstancias en las que no pueden criar a un niño.

“Si supieran que fue él quien nos salvó”

Hay una frase que escuchó incontables veces desde que adoptaron. “Le salvaron la vida”. También les dijeron que eran personas maravillosas por lo que habían hecho por aquel bebé. Ella nunca lo sintió de esa manera.

“Me dijeron tantas veces: ‘Ustedes le salvaron la vida a este chico’. Ay, si supieran. Si supieran que es todo lo contrario. Es él el que nos salvó, es él el que vino a completarnos”. Porque para ella la adopción no fue un acto de caridad. Fue la manera en que nació su familia.

Lo más difícil, asegura, estuvo en el camino previo: la burocracia, los trámites y, especialmente, conocer la realidad de niños que permanecían en hogares mientras ellos recorrían distintas instituciones buscando concretar la adopción. “Ver a los chicos en los hogares, ver cómo viven, fue lo más difícil. Muy, muy difícil”. Lo más hermoso comenzó el día en que finalmente estuvieron juntos. “Ese primer momento no me lo olvido más”.

De aquel bebé al adolescente de hoy

Pasaron los años. Aquel recién nacido hoy es un adolescente que sale con amigos, elige cómo vestirse y empieza a construir su propia independencia. Y sus padres hacen lo mismo que tantos padres de adolescentes: llevan, buscan, esperan despiertos y miran el reloj hasta escuchar que llegó a casa.

“Ahora hago de remis, voy de acá para allá con él y con sus amigos. Busco, llevo, traigo, igual que el padre. No dormimos hasta que llega, lo aconsejamos y lo acompañamos”. Cuando mira hacia atrás y piensa en aquel bebé y después observa al adolescente que tiene enfrente, la definición es sencilla: se siente una persona bendecida.

Y si pudiera hablar con aquella mujer que años atrás decidió iniciar una carpeta de adopción, le agradecería no haberse rendido. Le diría que no se equivocó. A quienes hoy piensan en adoptar les aconseja buscar asesoramiento, transitar siempre las vías legales y no abandonar frente a las dificultades del proceso.

“Que no lo duden. Ojalá hoy las cosas hayan cambiado y la tarea administrativa sea un poquito más liviana, y que la carpeta sea más flaquita que la mía, que era re gorda”. Después de tantos años, todavía le cuesta explicar con palabras qué significa ser mamá.

Ser mamá tiene que ver con todo lo que sos capaz de dar y hacer por una persona. No sos consciente de todo lo que tenés para dar. Creés que sí, pero no”. Y cuando intenta explicar cómo aquel bebé llegó a sus vidas, encuentra finalmente las palabras:

“Siento que él nos eligió y nosotros lo encontramos. Nos encontramos cuando estuvo todo preparado. Él nos eligió”.