Día del Carnicero: César “Chino” Villalba, 20 años detrás del mostrador

En el Día del Carnicero, que se conmemora cada 19 de octubre, César “Chino” Villalba repasa dos décadas de oficio, desde sus primeros pasos en un pueblo de Entre Ríos hasta su presente en Iguazú. Los cambios en el consumo y la importancia de la buena atención forman parte de una profesión que combina técnica, experiencia y cercanía con los vecinos.

Iguazú (LaVozDeCataratas) “Una vez que le agarrás la mano, ya es todo fácil, pero hay que saber”. La frase de César Villalba, conocido por todos como el Chino, resume la esencia de un oficio que requiere fuerza, precisión, conocimiento y, sobre todo, una relación cotidiana con la gente.

A sus 42 años, lleva dos décadas trabajando como carnicero. Aunque hoy es un rostro familiar para muchos vecinos de Iguazú, su historia en la profesión comenzó lejos de Misiones, en un pequeño pueblo de la provincia de Entre Ríos, donde dio sus primeros pasos y aprendió las herramientas fundamentales del oficio.

“Aprendí haciendo un curso en mi pueblo, en Entre Ríos, y ahí empecé a trabajar. Después me vine para el norte”, recuerda César, quien llegó a Iguazú hace aproximadamente 14 años en busca de nuevas oportunidades.

Poco después de instalarse en la ciudad, comenzó a trabajar en el comercio donde continúa hasta hoy. Ya suma 12 años en el mismo lugar, una trayectoria que le permitió conocer a distintas generaciones de clientes y observar de cerca los cambios en los hábitos de consumo.

Un oficio que se aprende con experiencia

Para el Chino, el trabajo detrás del mostrador puede parecer sencillo para quien lo ve desde afuera, pero requiere práctica y conocimiento. Cada corte tiene sus particularidades y la experiencia es fundamental para hacer bien el trabajo.

“Al principio cuesta, pero una vez que le agarrás la mano se facilita. Eso sí, tenés que saber lo que hacés, no da lo mismo cualquier corte”, explica.

En sus 20 años de trayectoria, César también fue testigo de las transformaciones económicas que se reflejan a diario en las compras de las familias. Según observa, el consumo de carne cambió y los clientes prestan cada vez más atención a las cantidades que llevan.

“Cambió mucho el consumo en este último tiempo, la gente ya es más selectiva”, señala. Y agrega: “Antes venían y te llevaban por kilos; hoy llevan medio kilo, 300 gramos, algo más justo para el día a día”.

Detrás de esa diferencia en las cantidades, el carnicero reconoce una nueva manera de organizar las compras, en la que muchas familias buscan ajustar el presupuesto y llevar lo necesario para cada comida.

 

La confianza, parte del trabajo diario

Más allá de los cambios en el consumo, César sostiene que hay algo que permanece: el vínculo con los clientes. En una carnicería, la atención y la confianza forman parte de la experiencia cotidiana, tanto como la calidad del producto y el conocimiento de los cortes.

“Con los clientes no hay ningún problema, al contrario, se va renovando, entran clientes nuevos, algunos se van, otros terminan volviendo solos. La buena atención es lo que te mantiene”, afirma con una sonrisa.

Esa relación construida a lo largo de los años es parte de su recorrido laboral. Detrás de cada jornada hay trabajo, aprendizaje y el trato con vecinos que regresan al mostrador para realizar sus compras.

En el marco del Día del Carnicero, su historia pone en valor a quienes, desde temprano y detrás de un mostrador, sostienen un oficio tradicional que exige dedicación y experiencia, pero también la capacidad de escuchar y atender a cada persona.

Al dejar un saludo para sus colegas en esta fecha, el Chino elige una frase sencilla, fiel a su manera de entender el trabajo: “Que pasen un feliz día trabajando”.