Se agrava la crisis de la clase media: 6 de cada 10 argentinos dicen que su trabajo apenas les permite subsistir

Un estudio reciente revela que la mayoría de quienes se identifican como clase media sienten que sus empleos no les dan margen para crecer, solo para cubrir gastos básicos, mientras que la movilidad social ascendente parece cada vez más complicada. El 34% de los argentinos dice pertenecer a la clase media baja y otro 34% a la clase baja alta.

Iguazú (LaVozDeCataratas)  La crisis económica golpea con fuerza a la clase media argentina. Según un relevamiento reciente, seis de cada diez personas afirman que su trabajo solo les permite subsistir, sin posibilidades de ahorro ni proyección a futuro. El dato refleja el deterioro sostenido del poder adquisitivo y la pérdida de estabilidad que atraviesan amplios sectores del país.

El estudio, realizado por la consultora Taquion, muestra que el 62% de los encuestados se considera parte de la clase media, aunque un 64% de ellos sostiene que sus ingresos apenas alcanzan para cubrir los gastos esenciales. Solo un 12% afirma que puede ahorrar algo de dinero al finalizar el mes, mientras que el resto asegura que debe endeudarse o recurrir a ayudas externas para llegar a fin de mes.

El informe también revela un cambio en la percepción de la movilidad social: cada vez más argentinos sienten que han descendido de clase en los últimos años y que la posibilidad de progresar es casi nula. “El concepto de clase media está asociado al esfuerzo y al ascenso social, pero hoy ese ideal está en crisis”, señala el estudio.

Entre los factores que explican esta situación, se destacan la inflación persistente, la pérdida del poder de compra de los salarios, el aumento de los servicios básicos y el costo del alquiler. Además, la inestabilidad laboral y la falta de previsibilidad económica agravan el panorama.

Para muchos trabajadores, los ingresos actuales ya no alcanzan para sostener el estilo de vida que definía históricamente a la clase media: acceder a la educación privada, mantener un vehículo, vacacionar o proyectar la compra de una vivienda.

El fenómeno no solo tiene impacto económico, sino también social y emocional. La sensación de frustración y la incertidumbre sobre el futuro se vuelven una constante en los hogares argentinos, que enfrentan la paradoja de “trabajar mucho para no poder avanzar”.