Iguazú (LaVozdeCataratas) Nicolás M. L. logró durante mucho tiempo acceder al sonido, comunicarse y desenvolverse en su vida cotidiana gracias a su procesador. Sin embargo, el dispositivo dejó de funcionar y ya no cuenta con vigencia, lo que lo obligó a regresar a una vida sin audición.
El 16 de marzo de 2025, su familia inició el trámite correspondiente ante el IPS en Posadas, presentando historia clínica, pedido médico, presupuesto y estudios que avalan la necesidad urgente del recambio. A más de un año, la respuesta sigue sin llegar.
Durante ese tiempo, su madre recorrió oficinas, realizó consultas y envió múltiples mensajes. “Solo recibíamos respuestas automáticas”, señala Verónica su madre a LaVozDeCataratas. Incluso viajó personalmente para intentar destrabar el proceso. Ante la falta de soluciones, decidió avanzar con una carta documento y, posteriormente, con el acompañamiento de la abogada Milagros Gatti, presentó un recurso de amparo para exigir la cobertura del dispositivo.
La Justicia intervino y fijó un plazo de 40 días para la entrega del nuevo procesador, pero ese plazo tampoco se cumplió.
Mientras tanto, la vida de Nicolás cambió por completo. Actividades simples y cotidianas se volvieron complejas e inciertas. “Hoy no solo le cuesta comunicarse, también perdió autonomía y seguridad”, describe su madre.
El impacto emocional también es evidente. Nicolás comenzó a aislarse, evita salir solo y enfrenta situaciones cotidianas con angustia. “Incluso algo tan simple como esperar que lo llamen en una sala se vuelve desesperante”, agrega.
La hipoacusia, advierten, no implica solo la pérdida de audición, sino también barreras sociales, laborales y emocionales que afectan profundamente la calidad de vida.
En medio de esta situación, una pregunta se repite:
“¿Cuándo voy a volver a escuchar?” La respuesta, por ahora, no llega.
La madre de Nicolás, con más de 20 años de aportes al sistema, decidió hacer pública la situación no solo por su hijo, sino también por quienes atraviesan casos similares. “No es solo nuestra historia, es la de muchas familias que esperan”, sostiene.
El reclamo es claro: el acceso a la salud no puede depender de la burocracia.
Porque escuchar no es un privilegio.
Es un derecho.

