Iguazú (LaVozDeCataratas) “La curiosidad de trabajar dentro de un restaurante-bodega, conocer los vinos y aprender a venderlos fue lo que me motivó a elegir esta profesión”, relató a LaVozDeCataratas.
Respecto a la función que cumple un sommelier, explicó que su tarea principal es generar experiencias a través de los maridajes. “La función principal es realizar maridajes, vender experiencias con platos y vinos, y ayudar en la elección de un buen vino para una velada especial”, señaló.

Sobre los cambios en el consumo de vino en Argentina, destacó una tendencia clara: “Hoy se consume menos cantidad, pero más calidad. Ese es uno de los principales factores que destacan a las bodegas argentinas”. Además, remarcó que cada vez más jóvenes se acercan a esta bebida. “Antes solo los adultos mayores tomaban vino; ahora el consumo entre los jóvenes ha aumentado mucho”.
Al momento de definir qué distingue a un buen vino, aseguró que no se trata únicamente del precio o del prestigio de una etiqueta. “Un buen vino no se define por su valor, fama o puntaje. Los aspectos más importantes son el equilibrio, la complejidad, la intensidad, la tipicidad y la persistencia”, explicó.
Consultado sobre los mitos que rodean a la profesión, reconoció entre risas que muchas personas creen que los sommeliers pasan el día tomando vino. Sin embargo, aclaró que el trabajo va mucho más allá. “No solamente se puede trabajar en una vinoteca o una bodega. En la hotelería es una figura muy importante. Es como la estrella del salón: debe saber vender, recomendar un vino y lograr el maridaje adecuado”.
Para quienes nunca escucharon hablar de esta profesión, la define como una combinación de conocimiento y pasión. “Me gusta mucho comunicar, realizar catas y presentaciones. También disfruto de las cenas maridaje, elegir una bodega y, de acuerdo con sus vinos, diseñar sabores que los acompañen. Realmente es una pasión”, afirmó.

Entre las habilidades fundamentales para ejercer la sommellerie, destacó el entrenamiento constante de los sentidos. “Hay que prestar atención a los aromas y sabores. Ir a una verdulería, por ejemplo, y detenerse a sentir cada fruta y cada verdura. Ese ejercicio ayuda mucho a la hora de describir y sugerir un vino. Además, hay que escuchar todos los paladares, porque siempre hay un vino para cada estilo de persona”.
Finalmente, se mostró optimista respecto al futuro de quienes deciden formarse en esta disciplina. “Las oportunidades son espectaculares, especialmente con la cantidad de vinotecas que hay en la ciudad, los referentes que nos visitan y las posibilidades de capacitación» destacó.
En una fecha especial para el sector, el mensaje de Jhonatan resume el espíritu de la profesión: aprender, compartir conocimientos y ayudar a descubrir el vino como una experiencia que va mucho más allá de una copa.
