Iguazú (LaVozDeCataratas) «Quisimos representar esa esencia que se vive al amanecer junto al río, cuando la niebla envuelve el paisaje y la naturaleza se expresa en su estado más puro. Los frutos autóctonos, los peces que se alimentan de hojas y algas y los sabores de nuestra tierra conforman la verdadera gastronomía misionera, una cocina que honra nuestras raíces y nuestra identidad cultural», contó Diaz a LaVozDeCataratas.

La experiencia comenzó con un delicado bocado de kivevé, un crème brûlée de zapallo andai servido sobre un crujiente tuile de maíz, coronado por una espuma de parmesano que aportó suavidad y contraste.
El plato principal fue una verdadera obra de autor. Los chefs elaboraron una mousseline de surubí y pacú, cocida mediante la técnica sous vide, rellena con hojas de espinaca y algas nori. Luego fue sellada y flambeada con aceite de sésamo en manteca de hierbas, terminada con un rebozado de furikake y camarón disecado, logrando una combinación de texturas y aromas que evocaban el río.
La preparación estuvo acompañada por una salsa de guabirá, uno de los frutos autóctonos de la región, puntos de clorofila de hierbas, un crème brûlée de legumbres misioneras, una croqueta de mandioca rellena con duxelle de girgolas cosechadas por el propio equipo, rebozada en farofa y panko, además de un falso caviar de mandioca, geles de pitanga y jaboticaba, brotes frescos y delicados detalles en laminado dorado.

La puesta en escena fue parte esencial de la propuesta. El plato fue servido sobre una vajilla artesanal tallada a mano en madera de peteribí y paraíso, realizada por artesanos de Eldorado, mientras una suave niebla creada con hielo seco envolvía la presentación, recreando el amanecer sobre el río y transportando al jurado al corazón mismo de la selva misionera.
Más que un plato, «Sabores del Río y la Selva Misionera» fue un relato contado a través de ingredientes, aromas y texturas, donde cada elemento buscó transmitir el paisaje, la biodiversidad y la identidad gastronómica de Misiones.

