Septiembre Amarillo: los mitos sobre el suicidio que pueden impedir que una persona reciba ayuda

En el marco de Septiembre Amarillo, LaVozDeCataratas dialogó con Luciana Salvador, jefa del Servicio de Salud Mental del Hospital SAMIC de Iguazú, sobre las falsas creencias que todavía rodean a la conducta suicida. La especialista explicó que no se hereda genéticamente, que hablar del tema no incentiva el suicidio y que detrás de una persona que piensa en quitarse la vida puede existir alguien que quiere seguir viviendo, pero que en ese momento no encuentra las herramientas para afrontar su sufrimiento.

Iguazú (LaVozDeCataratas) – Con el inicio de Septiembre Amarillo, mes dedicado a la concientización y prevención del suicidio, vuelve a ponerse en primer plano la importancia de hablar sobre salud mental. Sin embargo, alrededor de la conducta suicida todavía persisten mitos y creencias que pueden llevar a minimizar señales de sufrimiento o dificultar que una persona reciba ayuda.

En diálogo con LaVozDeCataratas, Luciana Salvador, jefa del Servicio de Salud Mental del Hospital SAMIC, señaló precisamente el impacto que pueden tener esas falsas creencias.

“En relación al suicidio hay muchos mitos, creencias falsas, que obstaculizan de alguna manera el poder acceder y ayudar a una persona que está sufriendo”, explicó.

¿La conducta suicida se hereda?

Uno de los mitos frecuentes es considerar que una persona necesariamente tendrá una conducta suicida porque existieron antecedentes dentro de su familia.

Salvador aclaró que la conducta suicida no se hereda genéticamente.

“La conducta suicida no se hereda, se puede llegar a aprender. Lo que sí se puede heredar es la predisposición a desarrollar patologías psiquiátricas”, señaló.

Los antecedentes familiares pueden formar parte de una evaluación profesional, pero no determinan inevitablemente lo que ocurrirá con una persona.

¿Quien piensa en suicidarse realmente quiere morir?

Otro de los conceptos que la especialista consideró necesario revisar es la idea de que toda persona con pensamientos suicidas tiene una decisión absoluta de morir.

“La persona que piensa en quitarse la vida en realidad no desea morir. Está en una ambivalencia donde se quiere aferrar a la vida, quisiera seguir con su vida, pero no tiene las herramientas ni la posibilidad de poder resolver lo que está viviendo”, explicó Salvador.

Por eso remarcó la importancia de romper el silencio y buscar acompañamiento: “De ahí la importancia de poder pedir ayuda y de hablar”.

Otro de los mitos extendidos sostiene que hablar sobre suicidio puede incentivar a una persona o “darle la idea”. Por el contrario, abordar el tema de manera responsable y escuchar sin juzgar puede abrir un espacio para que alguien que atraviesa una crisis pueda expresar lo que siente y acceder a ayuda.

También persiste la creencia de que quien manifiesta pensamientos suicidas solamente busca llamar la atención. Este tipo de expresiones no deben minimizarse. Hablar de deseos de morir, de no querer continuar o manifestar una profunda desesperanza son situaciones que requieren escucha, acompañamiento y, cuando corresponda, intervención profesional.

La conducta suicida tampoco puede explicarse únicamente por la existencia de una enfermedad mental o por un acontecimiento puntual. Se trata de un fenómeno complejo en el que pueden intervenir diferentes factores personales, sociales, familiares y emocionales. Por eso, atribuirlo exclusivamente a una separación, un problema económico o cualquier circunstancia aislada puede llevar a una interpretación equivocada del sufrimiento que atraviesa una persona.

Otra falsa creencia es considerar que, una vez superado aparentemente un momento de crisis, el riesgo desapareció por completo. El acompañamiento de familiares, personas cercanas y profesionales continúa siendo importante, especialmente cuando previamente existieron manifestaciones que generaron preocupación.

Las señales tampoco son iguales en todas las personas ni necesariamente resultan evidentes. Cambios importantes de comportamiento, aislamiento, expresiones de desesperanza, despedidas inusuales o manifestaciones vinculadas con sentirse una carga para los demás pueden requerir especial atención.

Frente a una persona que expresa pensamientos suicidas, lo fundamental es escuchar sin juzgar ni minimizar aquello que está sintiendo. Frases como “tenés que poner de tu parte”, “hay gente que está peor” o “ya se te va a pasar” pueden profundizar la sensación de incomprensión. Acompañar significa estar presente y favorecer el acceso a una red de apoyo y atención profesional.

En ese sentido, Septiembre Amarillo propone algo que trasciende una campaña o un mes del calendario: hacer posible una conversación que muchas veces queda atrapada en el silencio, el miedo o los prejuicios.

Como explicó Salvador, detrás de una persona que piensa en quitarse la vida puede existir alguien que todavía quiere aferrarse a ella, pero que en ese momento no encuentra las herramientas para resolver aquello que está atravesando. Escuchar, preguntar, acompañar y acercar ayuda puede ser el comienzo de una salida que esa persona, en medio de una crisis, todavía no logra ver.