María Emilia Vento: “En cada obra dejo un pedacito de mi historia”

LaVozDeCataratas continúa recorriendo el universo de los artistas plásticos de la ciudad para conocer no solo sus obras, sino también las historias que existen detrás de cada pincelada. En esta oportunidad, María Emilia, nacida en Eldorado pero criada en Iguazú, habla de sus raíces, la selva, los colores y de una pasión por la pintura que comenzó cuando tenía apenas siete años.

Iguazú (LaVozDeCataratas) Hay artistas que pintan aquello que observan y otros que, casi sin proponérselo, terminan pintando también aquello que recuerdan. En la obra de María Emilia, los paisajes, los verdes de la selva y la tierra colorada se mezclan con emociones, momentos de su vida y una historia familiar que la acercó al arte desde muy pequeña.

Nació en Eldorado, pero Iguazú es la ciudad donde creció y construyó su historia. Por eso, cuando habla de pertenencia, la respuesta aparece sin demasiadas vueltas.

“Esta ciudad es mi hogar, donde están mis raíces y mis recuerdos. Amo profundamente mi querida tierra guaraní, su historia, sus sabores, sus colores y todo lo que representa”, contó a LaVozDeCataratas.

Su vínculo con la pintura comenzó a los siete años, impulsado especialmente por dos mujeres de su familia: su mamá y su abuela. Con el paso del tiempo llegaron las responsabilidades y hubo períodos en los que debió alejarse de los pinceles, pero nunca definitivamente.

“Siempre regresé. Mi mamá y mi abuela despertaron en mí este amor por el arte y hoy pintar también es una manera de sentirlas cerca”, expresó.

La selva como inspiración, refugio e identidad

María Emilia trabaja principalmente con óleos y acrílicos, técnicas en las que encontró la libertad necesaria para experimentar con colores y texturas. El color, de hecho, ocupa un lugar central en sus pinturas. Prefiere los tonos vibrantes y reconoce que los paisajes permanecen guardados en su memoria con las diferentes tonalidades que adquieren según la hora del día y también según los distintos momentos de su propia vida.

En ese universo aparece inevitablemente la selva misionera. “La selva es inspiración, refugio e identidad. Amo sus infinitos verdes, sus formas y cómo la luz transforma cada paisaje. Es parte de mis raíces y está muy presente en mis pinturas”, explicó.

Pero pintar Iguazú, para ella, significa también mirar más allá de la imagen que recorre el mundo.

“Iguazú es mucho más que sus maravillosas Cataratas”, sostuvo. Y allí aparecen los pueblos guaraníes, los ríos, el Hito Tres Fronteras, la avenida Brasil, los idiomas y las diferentes culturas que conviven en la ciudad. “Hay una belleza inmensa en lo cotidiano que también merece ser retratada”.

Cuando un paisaje también cuenta una vida

¿Cómo sabe un artista cuándo dejar de pintar? María Emilia reconoce que probablemente siempre encontraría algún detalle para agregar. Con el tiempo, sin embargo, aprendió a reconocer otro momento: cuando la propia obra parece indicarle que está terminada.

También descubrió que, aunque no lo busque, algo personal termina apareciendo en cada cuadro. “Muchas veces comienzo pintando un paisaje y termino descubriendo que también estoy retratando un momento de mi vida. Creo que en cada obra dejo un pedacito de mi historia”.

Todavía hay territorios artísticos por explorar. Uno de ellos es la acuarela, una técnica que la atrae por su delicadeza y transparencia y para la cual continúa capacitándose.

Y también queda pendiente un paisaje muy diferente al misionero. Durante un período de su vida residió en Mendoza y conserva el deseo de llevar al lienzo aquella experiencia: los viñedos, la Cordillera y los paisajes de la tierra del sol y del buen vino.

Iguazú sin pintar las Cataratas

La última pregunta propone un desafío: si tuviera que pintar lo que significa Iguazú para ella, pero sin dibujar las Cataratas, ¿qué aparecería en el cuadro? María Emilia no duda.

“Pintaría un camino rodeado de selva, con sus verdes intensos, la luz del atardecer y nuestra tierra colorada. Incluiría la esencia guaraní, nuestros ríos y la diversidad cultural que nos caracteriza. Porque Iguazú es mucho más que un paisaje: es mi hogar, mi historia y mis raíces”.

Y quizás allí esté también la síntesis de su relación con la pintura y con la ciudad en la que creció