Iguazú (LaVozDeCataratas) La llegada de un hijo transforma la vida de una familia. Cuando, además, el diagnóstico llega de manera inesperada, comienza un camino lleno de preguntas, temores y aprendizajes. Así lo recuerda Violeta Soledad Martínez, de 37 años, mamá de Ángelo Leonel Almirón, quien nació con síndrome de Down, y de Agustín, junto a su esposo, Leandro Almirón.
En diálogo con LaVozDeCataratas, Violeta contó que durante el embarazo todo transcurrió con tranquilidad. Fue recién el día del nacimiento cuando recibieron el diagnóstico. A partir de ese momento, la familia comenzó una nueva etapa, marcada por las consultas médicas y los controles semanales con el cardiólogo en Posadas.
“Fue todo un aprendizaje. Fue hermoso, pero al mismo tiempo tuvimos mucho miedo. Nos pasaron muchas cosas por la mente”, recuerda.
Con el tiempo, esa experiencia les enseñó a mirar la vida de otra manera, a valorar los pequeños momentos y a reconocer cada avance de Ángelo. Cada paso, cada progreso y cada nuevo aprendizaje adquirieron un significado especial para la familia, que fue construyendo su propio camino junto a él.
Una rutina llena de actividades y aprendizajes
La vida cotidiana de Ángelo está marcada por una agenda activa, con actividades escolares y terapias que forman parte de su desarrollo. Dos veces por semana asiste al Instituto Esperanza, donde concurre desde temprano hasta media mañana. Los días que no va a la escuela especial, realiza terapias con una audióloga y una psicopedagoga fuera de la institución.
Además, tres veces por semana asiste por la tarde a una escuela común, donde cuenta con el acompañamiento de una maestra integradora. Está integrado a esa modalidad educativa desde salita de cinco y actualmente cursa cuarto grado.
Pero su día a día no se resume en horarios, consultas y actividades. Ángelo disfruta jugar, divertirse y buscar siempre algo nuevo para hacer. Su mamá lo describe como un niño alegre, inquieto y creativo, que encuentra la manera de entretenerse y convertir cada jornada en una oportunidad para disfrutar.
“Lleva una vida normal, súper, súper”, expresa Violeta, al contar cómo su hijo busca jugar, distraerse y hacer aquello que le gusta.
Un mensaje para las familias que recién comienzan el camino
Desde su experiencia, Violeta también tiene un mensaje para quienes reciben un diagnóstico de discapacidad en sus hijos. Lejos de idealizar la situación, reconoce que no es lo que una familia espera ni desea y que el proceso puede estar acompañado de miedo e incertidumbre.
Sin embargo, invita a mirar hacia adelante y a confiar en las posibilidades de aprendizaje y desarrollo de cada niño.
“Como mensaje a alguien que recién está recibiendo la discapacidad, sin romantizar, porque no es algo lindo, no es lo que uno espera, no es lo que uno desea. Pero todo es posible, siempre hacia adelante. Siempre vas a lograr que aprenda alguna cosa nueva”, sostiene.
Para ella, el centro de todo está en acompañar a los hijos, respetar sus tiempos y procurar que sean felices. Los avances pueden ser distintos en cada caso, pero cada logro tiene un valor propio.
“Lo importante es estar felices y lograr la felicidad de ellos. Para cualquier hijo, y ellos más aún. Somos felices como padres cuando vemos que él es feliz haciendo lo que hace y siendo como es”, expresa.
Su compromiso con el Instituto Esperanza
A su experiencia como mamá, Violeta suma un compromiso con otras familias: es presidenta de la Asociación Esperanza, la organización de padres y amigos a cargo del Instituto Esperanza de Iguazú.
Desde ese lugar, su historia también se vincula con el acompañamiento y el trabajo colectivo en favor de las personas con discapacidad y sus familias.
Su testimonio pone en palabras una realidad que atraviesa a muchos hogares: el diagnóstico puede abrir una etapa desconocida, con desafíos que requieren tiempo, acompañamiento y adaptación. Pero también permite descubrir nuevas formas de valorar los vínculos y reconocer los progresos cotidianos.
“Siempre hay algo positivo para sacar de todo lo malo”, concluye Violeta, con una mirada construida a partir de su experiencia familiar y del camino que comparte con Ángelo.

