Iguazú (LaVozDeCataratas) La fecha tiene origen religioso y está vinculada a la figura de José de Arimatea, quien según la tradición bíblica cedió su sepulcro para que Jesús fuera sepultado tras la crucifixión.
En Iguazú, una de las referentes de esta profesión es Norahly Berro, integrante de Santa Rita Sepelios, empresa funeraria fundada por su padre en 1988 y que hoy continúa con una fuerte impronta de servicio hacia la comunidad.
Norahly recuerda que su historia en esta profesión comenzó muy joven y en circunstancias difíciles.
«La empresa la fundó mi papá en el año 88 y yo me hice cargo a los 22 años, después del fallecimiento de mi padre. A raíz de eso tuve que tomar las riendas de la funeraria y fue un camino de capacitación permanente», relató.
Desde entonces, uno de sus principales objetivos fue profesionalizar el trabajo dentro del sector.
«Siempre busqué que los colaboradores que están acá se puedan ir capacitando. Es una profesión muy sensible y difícil por el trato con la gente, porque quienes nos requieren siempre están atravesando un momento de pérdida y duelo. Es importante estar preparados para asesorar y ayudar a las familias en ese momento», explicó.
Los primeros pasos en la actividad no fueron fáciles. El contacto con la muerte, recuerda, puede ser impactante al comienzo.
«La primera empresa que tuvimos estaba en la zona industrial. Fue bastante difícil y chocante el contacto con la primera persona fallecida. Es una circunstancia fuerte, pero uno aprende el respeto por la persona, el respeto por la familia y a tratar de hacer las cosas de la mejor manera. Con el tiempo uno se va adaptando».
Sin embargo, asegura que la parte más compleja del trabajo no es el trato con el fallecido, sino el acompañamiento a quienes quedan.
«Lo más difícil de esta tarea no es la preparación ni el trato con el fallecido, sino el contacto con las familias. La familia en duelo está en un momento muy complicado y muchas veces esa es la parte más difícil».
Para Berro, comprender el proceso del duelo es fundamental para poder acompañar de manera respetuosa.
«El duelo es complejo. Para mí tiene muchos significados psicológicos y creo que la gente que tiene esa pérdida nunca termina de superar completamente una ausencia. Aprende a llevarla de otra manera».
Por eso, al momento de despedirse, suele compartir un consejo con quienes atraviesan ese dolor.
«Siempre les digo a las familias que traten de recordar las anécdotas, los momentos buenos, cómo se sintieron cuando estaban con esa persona. Para mí esa es la mejor forma de recordar y también de no olvidar».
En una tarea muchas veces silenciosa y poco visible, los funebreros, embalsamadores y sepultureros cumplen un rol fundamental: garantizar una despedida digna y acompañar con respeto y humanidad a quienes atraviesan el dolor de una pérdida.
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