Iguazú (LaVozDeCataratas – Kelly Ferreyra) Todo comenzó con un mensaje de Instagram. Del otro lado de la pantalla había un hombre que se presentaba como “Jason”, un supuesto ingeniero estadounidense que trabajaba para una multinacional petrolera en una plataforma frente a Escocia. Ella, a quien llamaremos “Marta” para preservar su identidad, es una mujer de unos 60 años.
Era el 24 de agosto de 2024. Primero llegaron las conversaciones. Después, los mensajes diarios, las demostraciones de afecto y finalmente una promesa concreta: cuando terminara su contrato, el 20 de diciembre, viajaría a la Argentina para encontrarse con ella. “Eres el aire que respiro”, decía uno de los mensajes incorporados a la causa. Pero Jason nunca llegó.
En apenas tres meses, la mujer habría transferido alrededor de US$83.000, perdió sus ahorros y, según declaró posteriormente, ya no conserva su auto ni sus departamentos.
Primero llegó el amor; después, la urgencia
La mecánica del engaño fue progresiva. Durante semanas no hubo pedidos de dinero. Primero se construyó la confianza y una supuesta relación sentimental. A mediados de septiembre apareció el primer problema: Jason aseguró que necesitaba comprar una máquina para terminar un trabajo en la plataforma petrolera. Si no terminaba, según su historia, no cobraría y tampoco podría concretar el esperado viaje a la Argentina. Para darle credibilidad al relato, envió un supuesto contrato de trabajo de la petrolera. Fue el comienzo de una cadena de pedidos.
De los ahorros a cuatro departamentos
Jason nunca pidió que el dinero fuera depositado directamente a su nombre. Le proporcionaba cuentas pertenecientes a una mujer de la provincia de Buenos Aires, a quien presentaba como la esposa de un compañero de trabajo que supuestamente convertiría los pesos en Bitcoin. Marta vendía sus dólares y realizaba transferencias en pesos. Los depósitos se dividían porque, según le explicaban, existía un límite diario.
Después de la primera máquina llegó un supuesto impuesto aduanero. Más tarde, la máquina presuntamente dejó de funcionar y apareció la necesidad de comprar otra valuada en US$60.000.
El hombre incluso le habría sugerido pedir préstamos y utilizar bienes como garantía. La mujer tomó un crédito, comprometió su automóvil y transfirió cuatro departamentos a un prestamista como garantía, según la documentación de la investigación.
Solo dos videollamadas
Durante toda la supuesta relación hubo otro elemento que hoy aparece como una enorme señal de alarma: prácticamente nunca se vieron cara a cara. Las videollamadas, según el relato, estaban “prohibidas en la plataforma petrolera”. En todo el vínculo solo se realizaron dos y duraron aproximadamente un minuto cada una. A la mujer le parecieron posteriormente creadas mediante inteligencia artificial.
Cuando finalmente exigió ver el pasaporte de Jason, sus hijas detectaron que el documento parecía una plantilla con datos superpuestos. La investigación también determinó que el supuesto contrato laboral contenía errores de traducción y nombres que no coincidían.
Le decía qué debía contarle hasta a su abogado
El engaño no se limitaba a los pedidos económicos. Cuando comenzaron los inconvenientes con su cuenta bancaria, el supuesto novio le indicaba qué debía decirle a su abogado e incluso qué explicación brindar ante un juez: tenía que afirmar que el dinero estaba destinado a un negocio inmobiliario.
También se definía como “muy celoso”, buscaba que no hablara con otras personas y, cuando ella se resistía a entregar más dinero, aparecían los insultos, reproches y la culpa. En diciembre apareció incluso una supuesta advertencia legal de la petrolera, con amenazas de multas millonarias y consecuencias penales para Jason si no cumplía con su trabajo.
La Justicia de Iguazú siguió el dinero
La denuncia penal fue presentada en marzo de 2025 y la investigación quedó a cargo del Juzgado de Instrucción N.º 3 de Iguazú, encabezado por el juez Dr Martín Luis Brites, a través de la Secretaría de Ciberdelitos.
La Justicia reconstruyó el circuito desde las conversaciones hasta las transferencias. Se ordenaron peritajes forenses de los chats, requerimientos a bancos, billeteras virtuales y plataformas de criptoactivos, además de pedidos de información a Google, Microsoft y WhatsApp. También se dispuso el bloqueo preventivo de fondos.
La titular de las cuentas utilizadas para recibir transferencias fue llamada a indagatoria. Según consta en el informe, negó conocer a la víctima y haber tenido intención de cometer un delito, por lo que rige para ella la presunción de inocencia. Jason, en cambio, continúa sin ser identificado.
El dato que llevó hasta Nigeria
Uno de los resultados más relevantes surgió de la información requerida a Google. La empresa proporcionó los datos de registro de la cuenta de correo que Jason utilizaba para comunicarse por Teams. La cuenta había sido creada en 2023 y Google informó como país asociado: Nigeria.
El dato, por sí solo, no demuestra que los mensajes hayan sido enviados físicamente desde Nigeria, pero constituye un indicio incorporado a la investigación.
El mecanismo coincide con modalidades conocidas internacionalmente como “estafa nigeriana” o “timo 419”: historias elaboradas para generar confianza, una emergencia que requiere dinero y transferencias hacia cuentas de terceros. El propio informe aclara que el término describe una modalidad de fraude y no implica atribuirla a una nacionalidad en su conjunto.
Dos años después, volvieron por ella
Y la historia todavía no terminó. El 15 de septiembre de 2026, prácticamente dos años después del primer contacto, Marta recibió un correo electrónico en inglés de un supuesto abogado británico.
El mensaje afirmaba que Jason había sido condenado en el Reino Unido por problemas relacionados con su trabajo y que ella debía intervenir urgentemente como supuesta “firmante autorizada” de una cuenta para gestionar accesos y transferencias destinadas a pagar una fianza.
Pero aparecieron nuevas inconsistencias: el supuesto abogado utilizaba una cuenta gratuita de Gmail y la fotografía enviada mostraba un detenido junto a una bandera estadounidense y agentes con uniforme de sheriff, pese a que el relato hablaba de una cárcel británica.
Se trata de otro patrón conocido en los fraudes: volver sobre una víctima que ya perdió dinero y presentarle una supuesta solución, rescate o posibilidad de recuperar lo perdido, para intentar obtener nuevos pagos o información.
Las señales que pueden evitar otra víctima
El caso deja varias alertas concretas: relaciones sentimentales que avanzan extremadamente rápido, pedidos para abandonar la red social donde comenzó el contacto, negativas constantes a realizar videollamadas espontáneas, documentos dudosos, emergencias económicas repentinas, transferencias hacia cuentas de terceros y pedidos para convertir dinero en criptomonedas.
Otra señal particularmente grave aparece cuando la persona pide ocultar las transferencias, mentir a familiares, amigos, abogados o bancos, o utiliza la culpa para conseguir nuevos pagos.
