Iguazú (LaVozDeCataratas) Detrás de cada sesión de quimioterapia, transfusión o tratamiento oncológico del Hospital SAMIC hay una persona que acompaña de cerca a los pacientes desde el inicio hasta el final de su proceso. Se trata de Rodrigo, enfermero universitario especializado en oncología, quien desde hace varios años dedica su vida al cuidado de personas con cáncer.
Su labor va mucho más allá de la aplicación de medicamentos. Es quien explica cada tratamiento, enseña cómo afrontar los efectos secundarios, responde consultas y genera un vínculo tan estrecho que muchos pacientes terminan viéndolo como un integrante más de su familia.
«Nosotros lo que intentamos dar es calidad de vida«, resume Rodrigo al hablar de su trabajo. «Hay cánceres que se pueden curar y hay otros que no. A veces las personas no se mueren de cáncer, sino de enfermedades derivadas del cáncer. Lo que buscamos es acompañarlos y hacer que transiten ese camino de la mejor manera posible.«
Actualmente, en el servicio de oncología del SAMIC no solo se realizan quimioterapias. También se administran tratamientos con anticuerpos monoclonales, transfusiones, cuidados paliativos y terapias destinadas a prolongar y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Entre los diagnósticos más frecuentes se encuentran el cáncer de mama, cuello de útero y próstata.
Una capacitación que demandó años
Rodrigo es enfermero universitario egresado de la Universidad Nacional de Misiones. Oriundo de Posadas, decidió radicarse en Iguazú buscando una vida más tranquila, donde fue convocado por el doctor Saldaña para desarrollar un área que hasta entonces prácticamente no existía en el hospital.
«Me ofreció si quería ser enfermero de oncología. Le acepté y empecé a capacitarme«, recordó. Su formación incluyó prácticas en Buenos Aires y en el Centro Oncológico de Eldorado, además de numerosos cursos dictados por laboratorios especializados como Roche y Merck sobre el manejo seguro de drogas citostáticas. Esa preparación fue indispensable para poner en funcionamiento el servicio, ya que la manipulación de estos medicamentos requiere estrictas medidas de bioseguridad.
«Estas drogas son buenas para tratar el cáncer, pero si no tenés cuidado también generan cáncer. Quien las manipula tiene que cumplir criterios muy específicos«, explicó.
Un servicio construido «a puro pulmón»
El espacio de oncología comenzó a funcionar gracias al esfuerzo conjunto del equipo médico y al aporte del Rotary Club, que colaboró con el equipamiento necesario. «Ese espacio lo iniciamos con el doctor a puro pulmón y gracias al Rotary pudimos ir complementando los diferentes elementos para poder trabajar«, destacó.
Hoy el servicio trabaja en permanente articulación con el Hospital Madariaga, utilizando el sistema provincial RISMi para compartir historias clínicas, realizar interconsultas y coordinar derivaciones, especialmente cuando los pacientes necesitan radioterapia, tratamiento que aún no se realiza en Iguazú.
Sin embargo, lo que distingue a Rodrigo no es solamente su preparación técnica. Quienes atraviesan un tratamiento oncológico destacan permanentemente su calidez, la paciencia con la que explica cada procedimiento y la cercanía que mantiene incluso fuera del hospital. Esa dedicación hizo que muchos pacientes desarrollaran con él una relación de enorme confianza, respeto y cariño.
Él mismo reconoce que la enfermería ocupa un lugar único dentro del tratamiento.
«Terminamos conociendo más al paciente porque tenemos ese vínculo de que le hacés la vena para que pase la quimio, le enseñás cuál es la dieta, cómo tiene que tomar las pastillas… Te hacés parte de su día porque le das tu teléfono, te escriben fuera de horario y generás un vínculo«, relató.
Ese contacto cotidiano hace que también viva cada recuperación y cada pérdida de manera muy personal.
«Tengo miles de anécdotas. En Iguazú es todo muy cercano. Así como te da alegría, también te da tristeza porque me tocó perder muchas personas que en ese trayecto de lucha se hacen como amigos. Y uno les responde a esa amistad porque uno es humano», expresó.
Aunque durante mucho tiempo fue el único enfermero especializado en oncología del hospital, hoy ya no trabaja solo.
Actualmente integra el servicio junto a Vicente, un experimentado enfermero reconocido por su habilidad para canalizar venas complejas en pacientes oncológicos, y Gisela, quien se encuentra en pleno proceso de capacitación para garantizar la continuidad del área.
«La idea es que cuando Vicente se retire tenga ya a alguien entrenada al lado mío», explicó.
Mientras espera poder confirmar las estadísticas actualizadas de pacientes atendidos en el servicio, Rodrigo tiene claro cuál es el verdadero objetivo de su trabajo.
«Esperemos que siga funcionando y siga creciendo en el sentido de que siga siendo útil al pueblo. No espero que haya más enfermos, pero sí poder seguir dando calidad de vida al paciente oncológico«, concluyó.

