Iguazú (LaVozDeCataratas) En el Día del Inmigrante, las historias de quienes dejaron su país de origen para comenzar una nueva vida permiten conocer otra mirada sobre la migración: la de los desafíos, pero también la de las oportunidades, la integración y los vínculos que se construyen lejos de casa.
Fernando nació en Pereira, Colombia, y hace 13 años eligió Iguazú como el lugar donde continuar su camino. Su llegada a la ciudad fue casi casual, después de haber conocido otras ciudades de Argentina, pero con el tiempo encontró aquí un espacio en el que pudo desarrollarse, conocer nuevas culturas y mantener vivas sus propias tradiciones.
“Dejé mi país con ganas de conocer otras culturas, otros lugares, otras ciudades y llegué a Iguazú de casualidad”, contó a LaVozDeCataratas. «Yo llegué acá solo, después de conocer Mendoza, llegué acá sin conocer a nadie. Me hablaron en ese momento de la triple frontera y eso me llamó la atención porque nunca había escuchado. La familia la traje unos años después» añadió sobre cómo eligió Iguazú.
Para Fernando, una de las particularidades de este lugar es precisamente su diversidad. La ciudad reúne a personas provenientes de distintos países y culturas, una característica que también permite que las comunidades migrantes mantengan sus tradiciones mientras se integran a la sociedad local.
En su caso, la comunidad colombiana ocupa un lugar importante. “Iguazú es una ciudad donde vive gente de todos los países, de muchos lugares y bueno, nosotros también somos una comunidad importante acá y siempre hemos estado muy juntos, la comunidad migrante colombiana ya lleva bastante tiempo en Misiones. Siempre hemos tratado de conservar parte de nuestra cultura, las tradiciones”, explicó, y señaló que la gastronomía es uno de los aspectos que más se extrañan cuando se vive lejos del país de origen.
“La comida es lo que más extraña uno a veces de su país de origen. Todo inmigrante sabe que el tema de la gastronomía es algo que uno siempre va a extrañar un montón”, expresó.
Pensando en ello, decidió abrir un local de comida típida colombiana, Maíz y Trigo, para sentirse un poco más cerca de su país, al igual que para compartir con sus compatriotas unos buenos platos colombianos.
Fernando recordó que los primeros días en otro país pueden ser difíciles. En su caso, llegó durante el verano y el cambio de las temperaturas fue uno de los primeros desafíos que tuvo que afrontar. Sin embargo, asegura que nunca sintió que ser inmigrante fuera una dificultad para integrarse. Por el contrario, encontró en la sociedad argentina una predisposición para recibir y acompañar a quienes llegan desde otros lugares. “Nunca sentí una dificultad por ser inmigrante acá. Al contrario, eso me posibilitó muchas oportunidades también”, sostuvo.
La adaptación, reconoce, no significa que las diferencias desaparezcan. Cada persona tiene su propia cultura, costumbres y formas de vivir, pero justamente aprender a convivir con esas diferencias es parte de la experiencia. “Uno sabe que todos somos distintos y precisamente de eso se trata”, reflexionó.
Vivir lejos de Colombia también hizo que Fernando valorara aún más sus raíces. Mantener las tradiciones, participar de actividades de la comunidad y compartir con otros colombianos son formas de sentirse cerca de su tierra.
“Yo siempre digo: no hay nada más patriota que un inmigrante fuera de su país”, expresó entre risas, al explicar que cuando uno está lejos comienza a sentirse todavía más orgulloso de sus orígenes y busca mantener cerca a sus amigos, su familia y sus costumbres.
A 13 años de su llegada, Fernando se muestra agradecido con Iguazú y con Argentina por las oportunidades que encontró en el camino. “Es un país de migrantes y está hecho para recibir gente de todo el mundo”, destacó.
Desde su propia experiencia, Fernando dejó un mensaje para quienes están pensando en dejar su país y comenzar una nueva vida en otro lugar. “Por más difícil que estén las cosas, siempre uno logra superar un objetivo”, afirmó.
Su historia representa la de tantos inmigrantes que llegan con incertidumbres, dejan atrás familiares, costumbres y lugares conocidos, pero también encuentran nuevas oportunidades, personas dispuestas a ayudar y la posibilidad de construir un nuevo hogar sin renunciar a sus raíces.
En una ciudad como Iguazú, donde las culturas se encuentran todos los días, historias como la de Fernando recuerdan que migrar también significa enriquecer las comunidades, compartir identidades y construir nuevos vínculos.

