Iguazú (LaVozDeCataratas) Quienes participaron alguna vez de un acto oficial, un carnaval, un festival o alguna de las grandes celebraciones populares de la ciudad seguramente escucharon su voz. Carlos Giménez lleva décadas detrás del micrófono acompañando acontecimientos que forman parte de la vida de los iguazuenses, una tarea que comenzó formalmente en la Municipalidad hacia fines de los años 80.
En el marco del aniversario de Iguazú, LaVozDeCataratas dialogó con el histórico locutor municipal, quien abrió el baúl de los recuerdos para contar cómo nació una vocación que comenzó mucho antes de llegar a los escenarios y actos oficiales.
Giménez sitúa sus primeros pasos frente a un micrófono alrededor de 1980, en el Club Tacuarí, mientras que su incorporación a las actividades municipales llegó hacia 1987, durante la gestión del entonces intendente Roberto “Negro” Velázquez. “Yo ya hacía allá el tema de los actos patrios”, recordó.
Pero para encontrar el verdadero comienzo de su historia con la locución hay que retroceder todavía más, hasta su adolescencia y una chacra ubicada donde actualmente se encuentra la plazoleta Doctor Ramón Carrillo.
Mientras carpía o sacaba mandioca para vender, Giménez escuchaba Radio Nacional. Recuerda las voces de Roberto Aguirrebere, Don De Pascual y Luis Galarza, entre otros referentes de aquellos años. Prestaba atención a cómo hablaban y presentaban, y después intentaba reproducir aquello que escuchaba.
También asistía a los actos de la Plaza San Martín y, al regresar a la chacra, convertía aquel paisaje cotidiano en su propio escenario.
“Cuando volvía a la chacra, yo me creía que era locutor. Desfilaba entre el mandiocal y el maizal y para mí el mandiocal y el maizal era el público”, recordó.
Aquella imaginación de niño y joven encontró finalmente un escenario real en el Club Tacuarí, al que considera su primera escuela frente al micrófono. Allí anunciaba la venta de empanadas durante los fines de semana y comenzó a animar los tradicionales bailes de los sábados.
Por el club pasaban músicos y conjuntos de la región y de la vecina Presidente Franco. Giménez recuerda, entre otros, a Megatones, Polo Peralta, Polo Rock, The Brothers y Frecuencia Trío en sus comienzos. “Ahí comencé a hacer locución, ahí me paré delante de un micrófono”, resumió.
Después llegó la oportunidad de hacerlo para la Municipalidad. Lo convocaron para animar actividades y aquella participación inicial fue creciendo hasta convertirlo en una presencia habitual en actos patrios, ceremonias oficiales, carnavales, festivales y celebraciones de la ciudad.
Su memoria, sin embargo, va mucho más allá de los escenarios. Giménez conserva imágenes de un Iguazú de chacras, caminos de tierra, picadas y barrios que recién comenzaban a formarse. Menciona a Villa 14, Villa Tacuara y Villa Nueva entre los sectores más antiguos y recuerda cómo posteriormente fueron creciendo otros puntos de la ciudad.
Cuando se le pregunta qué añora de aquellos años, no elige los escenarios ni los micrófonos. El recuerdo lo lleva nuevamente a la tierra y al río.
“Lo que más añoro, si pudiera volver al tiempo, son los caminos y las picadas”, expresó.
Recuerda las caminatas que realizaban para ir a pescar, atravesando chacras y sectores que con el crecimiento urbano terminaron convertidos en barrios. Partían desde inmediaciones de la actual plazoleta Ramón Carrillo, recorrían la zona de Villa Tacuara y continuaban hacia Paticué, donde hoy esta el mirador de Santa Rosa, para luego costear el río Paraná hasta Iguazú Cué, frente a Bertoni.
En sus recuerdos aparecen familias, antiguos propietarios, chacras y senderos que permiten reconstruir parte de la transformación de Iguazú. La ciudad creció y aquel paisaje cambió, pero la voz de Giménez siguió acompañando buena parte de ese recorrido.
Más de cuatro décadas después de sus primeras experiencias en el Club Tacuarí, Carlos Giménez continúa frente al micrófono. Y detrás de esa voz familiar para generaciones de vecinos permanece aquella imagen de sus comienzos: un joven escuchando Radio Nacional mientras trabajaba la tierra, convirtiendo por un momento al mandiocal y al maizal en el primer público de su vida.

