María Eugenia Fioranelli: “La adopción no busca un niño para quien desea tener un hijo”

La jueza María Eugenia Fioranelli explicó a LaVozDeCataratas cómo funciona el proceso de adopción y por qué el centro debe estar siempre en las necesidades del niño. Advirtió que adolescentes, niños mayores y grupos de hermanos encuentran mayores dificultades para acceder a una familia y remarcó que una persona sola también puede adoptar.

Iguazú (LaVozDeCataratas) Hablar de adopción implica, antes que nada, cambiar la mirada. No se trata de encontrar un niño para satisfacer el deseo de un adulto de convertirse en padre o madre, sino de encontrar una familia para un niño que necesita crecer en ella. Ese es uno de los principales conceptos que plantea la Dra. María Eugenia Fioranelli, jueza de Primera Instancia del Juzgado de Familia y Violencia Familiar N.º 2 de la Tercera Circunscripción Judicial en Iguazú.

En diálogo con LaVozDeCataratas, la magistrada explicó cómo se desarrolla el proceso de adopción, quiénes pueden inscribirse y por qué, aun existiendo numerosas personas interesadas en adoptar, hay niños y adolescentes que continúan esperando una familia.

“El deseo de ser padres es legítimo y necesario, pero jurídicamente el centro siempre es el niño, su interés superior, su identidad, su historia y sus necesidades”, señaló Fioranelli.

La adopción es una medida excepcional

Un niño no llega a una situación de adoptabilidad simplemente porque su familia atraviese problemas económicos. Fioranelli fue clara al respecto: “La adopción nunca debe ser una respuesta a la pobreza o a una dificultad económica”.

Cada historia es diferente, aunque generalmente existen previamente vulneraciones graves de derechos. Antes de pensar en una adopción se trabaja para que el niño pueda permanecer o regresar con su familia de origen o, cuando esto no resulta posible, con integrantes de su familia ampliada.

Solo cuando esas alternativas fueron razonablemente agotadas y las medidas implementadas no consiguieron revertir las circunstancias que provocaron la separación, la Justicia puede avanzar. “Cuando la continuidad de esa espera afecta sus derechos, el juez puede declarar la situación de adoptabilidad”, explicó.

Familias esperando y chicos que también esperan

Una de las aparentes contradicciones del sistema es que existen adultos que pueden permanecer durante años inscriptos para adoptar mientras, paralelamente, hay chicos que continúan esperando una familia. La explicación está, en buena medida, en las disponibilidades adoptivas.

“No siempre coinciden las expectativas de quienes desean adoptar con las características de los chicos que están esperando”, sostuvo Fioranelli. La mayor disponibilidad continúa concentrándose en bebés y niños pequeños. La situación cambia a medida que aumenta la edad.

Niños mayores, adolescentes, grupos de hermanos y chicos que requieren cuidados particulares encuentran muchas menos familias disponibles para adoptarlos. Las convocatorias públicas que realiza actualmente el Registro de Misiones reflejan precisamente esa realidad.

Por eso, para Fioranelli uno de los desafíos es ampliar la mirada sobre la adopción: “Los adolescentes, los grupos de hermanos y los chicos que requieren cuidados especiales también necesitan y tienen derecho a crecer en una familia”.

¿Realmente una adopción tarda años?

La jueza también se refirió a una de las ideas más instaladas alrededor de la adopción: que necesariamente se trata de un proceso judicial que demora años. Según explicó, muchas veces se confunden etapas completamente diferentes.

Por un lado está el tiempo durante el cual una persona o pareja permanece inscripta hasta ser convocada. Por otro, existe todo el proceso que atravesó previamente el niño hasta llegar a una declaración judicial de adoptabilidad.

La existencia de una familia dispuesta a adoptar no permite acelerar ni saltear el trabajo previo con la familia de origen. “La Justicia no puede declarar adoptable a un niño simplemente porque exista una familia esperando”, remarcó.

No se buscan familias perfectas

¿Qué mira la Justicia cuando una persona quiere adoptar? La situación económica es solo uno de muchos aspectos y no se exige pertenecer a determinado nivel socioeconómico. “No se buscan familias perfectas”, sintetizó Fioranelli.

La evaluación apunta principalmente a la capacidad de ejercer una parentalidad responsable, la disponibilidad emocional, la estabilidad de los vínculos y la capacidad para comprender que ese niño llega con una historia anterior que debe ser respetada. Y aparece allí una cuestión central: poder diferenciar al hijo imaginado del niño real.

La disponibilidad adoptiva puede modificarse. Una persona inicialmente inscripta para adoptar un niño pequeño, por ejemplo, puede posteriormente ampliar las edades que está dispuesta a considerar. Pero, según explica la magistrada, no alcanza con cambiar un número en un formulario. “Implica preguntarse sinceramente qué historia y qué necesidades estamos preparados para acompañar”.

Una persona sola también puede adoptar

Fioranelli aclaró además algunas dudas frecuentes sobre quiénes pueden iniciar el proceso. No es necesario estar casado ni tener pareja para adoptar. Una persona sola puede hacerlo. La legislación establece como regla una edad mínima de 25 años, con particularidades para los casos de adopción conjunta, y contempla una diferencia mínima de edad entre quien adopta y quien es adoptado. En cambio, no existe una edad máxima general establecida para adoptar.

El encuentro no ocurre de un día para otro

Cuando aparece una posible familia para un niño comienza una etapa especialmente sensible: la vinculación. El proceso es gradual y cuenta con acompañamiento profesional. No significa que el niño conozca un día a determinadas personas y al siguiente pase a vivir definitivamente con ellas.

Los encuentros permiten construir progresivamente el vínculo respetando los tiempos, emociones e historia del niño. Cuando el resultado es favorable, posteriormente puede otorgarse la guarda con fines adoptivos y continuar el camino judicial. La preparación previa de los adultos adquiere especial importancia porque una interrupción de esa vinculación puede provocar consecuencias emocionales profundas.

Son niños que muchas veces ya han atravesado pérdidas y rupturas de vínculos significativos”, explicó Fioranelli.

Y dejó una definición contundente: “No estamos hablando de elegir si una experiencia nos resulta como imaginábamos: del otro lado hay un niño que está depositando nuevamente su confianza en los adultos”.

Adoptar no significa borrar el pasado

Otro aspecto fundamental es el derecho a la identidad. La adopción no elimina lo ocurrido antes ni supone construir una nueva historia a partir del silencio. Los orígenes del niño, sus vínculos significativos y las experiencias anteriores forman parte de su identidad.

La legislación reconoce expresamente el derecho de las personas adoptadas a conocer sus orígenes. “La adopción no borra la historia anterior del niño”, remarcó la magistrada.

Acogimiento, guarda y adopción no son lo mismo

Fioranelli también diferenció tres figuras que suelen confundirse. El acogimiento familiar es una medida temporal de cuidado y no tiene finalidad adoptiva. La guarda con fines adoptivos es una etapa judicial en la que el niño convive con quienes podrían convertirse legalmente en sus padres. Finalmente, la adopción se constituye mediante una sentencia judicial y genera el vínculo filial.

¿Cómo empezar a adoptar en Misiones?

Para una persona o familia de Iguazú que está pensando seriamente en adoptar, el primer paso es acercarse al Registro Único de Aspirantes a la Adopción de Misiones. La inscripción es personal y los equipos del Registro brindan información, orientación y realizan las evaluaciones correspondientes. No es necesario contratar un abogado para inscribirse.

Fioranelli alentó especialmente a quienes llevan mucho tiempo pensando en la posibilidad de adoptar, pero todavía no dieron ese primer paso.

Acercarse al Registro, explicó, no significa que inmediatamente se producirá una adopción, sino comenzar un proceso de información, preparación y reflexión sobre lo que realmente implica asumir esa responsabilidad. Y volvió sobre la idea que atraviesa toda la entrevista: ampliar la mirada.

“Mientras muchos adultos esperan al hijo que imaginaron, hay niños y adolescentes reales que hoy están esperando una familia”.