Iguazú (LaVozDeCataratas) En una hazaña que unió kilómetros, emociones y esfuerzo, el corredor misionero Matías Peralta llegó este jueves al Hito Tres Fronteras tras completar a pie los 310 kilómetros que separan a Posadas de Iguazú, recorriendo la mítica Ruta Nacional 12 en seis etapas cargadas de simbolismo, superación y espíritu de amistad.
Con la bandera de Misiones en alto y los ojos húmedos de emoción, Matías fue recibido por su familia, amigos y compañeros de running, quienes lo esperaban en la meta tras acompañarlo —en persona o a la distancia— durante esta travesía que no fue solo física, sino profundamente personal.
El desafío no tenía que ver con una marca o un podio, sino con reafirmar valores como la constancia, la solidaridad y la pasión por el deporte. A lo largo del recorrido fue sumando kilómetros y también afectos: vecinos, corredores y curiosos se acercaron en diferentes localidades para alentarlo, compartir unos metros de ruta o simplemente extenderle una botella de agua y un aplauso.

Cada etapa tuvo su dificultad, pero también su recompensa. Durante todo el trayecto fue seguido de cerca por su esposa e hijos, pilares fundamentales de su desafío. En cada parada, ellos estuvieron allí, con palabras de aliento, mates compartidos y abrazos silenciosos que renovaban fuerzas.
Este jueves por la mañana, Matías partió desde Wanda, en lo que fue la última etapa del recorrido. El objetivo estaba claro: llegar al corazón de Iguazú, al símbolo de los tres países, y sellar allí una promesa cumplida.
El desafío que asumió Matías fue también una forma de celebrar la vida, la salud y la amistad. Su historia inspira no solo a corredores, sino a quienes entienden que superarse es dar un paso más allá del cansancio.
En tiempos donde muchas cosas parecen efímeras, gestos como el suyo —sencillos y a la vez enormes— nos recuerdan que aún existen motivos para celebrar la voluntad, la familia y los sueños que se corren con el corazón.

