La historia de la primera capilla de Iguazú que dio origen a la actual Catedral Virgen del Carmen

Un valioso testimonio de Nilda Carmen Brañas reconstruye cómo nació el primer templo católico de la ciudad, impulsado por su padre ante la falta de asistencia espiritual en los primeros años de Iguazú. Con el crecimiento de Iguazú, aquella construcción de madera fue reemplazada primero por una capilla de material y, posteriormente, por el templo que hoy constituye la Catedral Virgen del Carmen.

Iguazú (LaVozDeCataratas) Cada 16 de julio,  Iguazú celebra a la Virgen del Carmen, patrona de la ciudad. Detrás de esta fecha tan significativa existe una historia poco conocida: la de la primera capilla de madera que, con el paso del tiempo, dio origen a la actual Catedral Virgen del Carmen.

La celebración cuenta además con un reconocimiento oficial desde 1974, cuando una ordenanza municipal estableció el asueto administrativo y escolar en honor a la santa patrona de Iguazú.

Gran parte de esa historia fue reconstruida gracias al testimonio de Nilda Carmen Brañas, hija de Blabino Brañas, funcionario de Parques Nacionales y Turismo que llegó a Iguazú en 1939, tras ser trasladado desde el Parque Nacional Los Alerces, en Chubut.

Nilda recordó que nació en Posadas, pero que apenas tenía quince días de vida cuando su familia regresó a Iguazú. Al llegar, su padre encontró un pueblo con importantes necesidades.

«No había sala de primeros auxilios, apenas funcionaba una pequeña escuela y tampoco teníamos un oratorio ni un sacerdote que asistiera regularmente a la comunidad», recordó.

Ante esa realidad, Blabino Brañas impulsó la construcción de una sencilla capilla de madera dedicada a Nuestra Señora del Carmen, convencido de que la comunidad necesitaba un espacio para la oración y el encuentro espiritual.

En aquel entonces, Misiones aún era Territorio Nacional y dependía eclesiásticamente de la Diócesis de Corrientes, por lo que la familia debió gestionar la autorización para levantar el templo y solicitar la presencia de un sacerdote.

Según relató Nilda, el primer religioso que comenzó a visitar regularmente la comunidad fue el padre Bernardo, un sacerdote de origen alemán que celebraba misa una o dos veces por mes.

Su propio nombre también quedó ligado para siempre a esa historia.

«Me llamo Carmen porque mi padre quiso honrar a la Virgen del Carmen. Para mí siempre fue un orgullo llevar ese nombre y saber que él entendió que esa era la mejor manera de acompañar el crecimiento de nuestro pueblo», expresó emocionada.

La familia permaneció en Iguazú hasta 1943, cuando fue trasladada a Buenos Aires por razones laborales. Sin embargo, al regresar en 1951, encontraron que aquella pequeña capilla seguía en funcionamiento y ya se había convertido en el corazón de la vida religiosa de la comunidad.

Para entonces, el padre Augusto era quien celebraba allí misas, bautismos, casamientos y primeras comuniones. Cuando era necesario administrar el sacramento de la Confirmación, el obispo viajaba especialmente desde Corrientes, ya que Misiones todavía no contaba con diócesis propia.

Nilda también recordó que años más tarde tuvo la oportunidad de desempeñarse como catequista en esa misma capilla, preparando a niños para recibir el bautismo y la primera comunión.

Con el crecimiento de  Iguazú, la humilde construcción de madera fue reemplazada primero por una capilla de material y, posteriormente, por el templo que hoy constituye la Catedral Virgen del Carmen, uno de los edificios más emblemáticos e históricos de la ciudad.

El relato forma parte del trabajo de rescate histórico impulsado por la Dirección de Patrimonio Histórico y Cultural de  Iguazú, a cargo de María Esther Rolón, con el propósito de preservar la memoria de los primeros pobladores y reconstruir los orígenes de una de las instituciones religiosas más importantes de la ciudad.